ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán. De Ormuz a Viena

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Clausewitz enseñó que la guerra es la continuación de la política por otros medios. El corolario, que él mismo intuyó y la prisa contemporánea olvida, es igual de severo: cuando esos “otros medios” —el fuego, el misil o la fuerza física— se agotan, la política no termina; reanuda su curso por medios distintos.

Eso es exactamente lo que ocurre en Irán. La etapa cinética concluyó. La guerra, no. Cambió de naturaleza: dejó el aire y el mar para alojarse en el terreno menos espectacular y más delicado, el de la implementación. Conviene insistir en una distinción que el triunfalismo borra: un cese al fuego no es una paz, un memorando no es un rediseño del poder, un anuncio no es un acuerdo.

Lo verificable, por ahora, es un marco preliminar de 60 días, la reapertura del estrecho y un alivio de sanciones. No es poco. Ormuz fue, durante toda la crisis, la variable sistémica: no porque focalizara el fuego, sino porque concentraba el riesgo del mundo —energía, rutas, inflación y mercados—. El Brent lo tradujo antes que cualquier vocero: cayó 5.1 por ciento, a 82.86 dólares por barril, mientras los mercados del Golfo cerraron al alza. El capital leyó una descompresión energética, no una solución nuclear.

De ahí el malentendido que viene. Washington dirá desmantelamiento; Teherán, supervivencia; Israel, concesión peligrosa. Tres relatos para un documento que, en su núcleo —programa nuclear, misiles, red regional—, no obliga a nada. Los términos duros que circulan describen el desenlace que Washington e Israel desearían: clausurar el programa, demoler instalaciones, recortar el arsenal, desarmar la red de aliados. El texto firmado apenas autoriza a discutirlo.

Por eso, la siguiente batalla no se librará en el Golfo, sino en Viena. El OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) es donde la paz se vuelve comprobable o se disuelve en retórica. El Quad —Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos— recordó que durante un año Irán negó inspecciones de campo en Fordow, Natanz e Isfahán, con la única excepción de Bushehr. Y sin entrar a las instalaciones bombardeadas, nadie puede certificar qué quedó del material nuclear. La paz no la firman los presidentes; la firman, o no, los inspectores.

Líbano es el segundo termómetro. Que Israel y Hezbolá disparen menos no significa que la red iraní esté desactivada; solo descansa. Mientras el proxy iraní respire, el acuerdo vivirá de prestado. Líbano no es un escenario marginal: es la cláusula tácita de la que depende todo el texto.

El balance resiste la simplificación. Irán no ganó, pero tampoco perdió como Washington e Israel pretendían. Lo que sí cedió fue la comodidad de jugar por separado sus cartas —nuclear, marítima, regional—: hoy las tres están sobre la mesa, expuestas. Eso es una derrota parcial. El desmantelamiento, en cambio, no es un hecho: es la ambición política que la paz, por otros medios, aún debe ganarse.

Temas:

Google Reviews