Las listas que dio a conocer la Consejería Jurídica de la Presidencia son la prueba más acabada del estás conmigo o estás contra mí de este sexenio.
El Gobierno está colocando en un plano maniqueo una categorización de buenos y malos. Por principio, niega la posibilidad de la disidencia y del ensanchamiento de la libertad de expresión como forma de vida.
Las listas a lo que llevan no es a iniciar un debate, sino a señalar a aquellas y aquellos que han manifestado críticas al Gobierno. La forma en que se han presentado y el regodeo que se ha dado en relación con ello lo que acaba manifestando es un señalamiento que, bien se sabe, ya está teniendo efectos expansivos.

• Las bombas (desactivadas) de Lenia
Es claro que todo lo que sale de las mañaneras y de lo que tiene que ver con la Presidenta adquiere una dimensión trascendente. Detrás de ello está el pensamiento de la mandataria y toda la maquinaria que, a partir del momento en que se echan a andar este tipo de estrategias, todo se difunde entre los millones de militantes para tener en la mira a los nuevos adversarios, los cuales a partir de ahora son enemigos.
Lo que permea es la cerrazón. Lo peor que pudiera pasar es que se busque a estas alturas, un pensamiento que tienda a buscar unificar haciendo a un lado las diferencias, pero sobre todo la riqueza de la diversidad.
Lo paradójico es que todo lo que tiene que ver con listas para señalar, impugnar o ubicar a los adversarios, ha sido sistemáticamente criticada por la izquierda. En tiempos en que la propia izquierda llevó a cabo estas estrategias, fue severamente criticada generando además en lo interno divisiones significativas.
No solamente se cerraba el pensamiento diverso a quienes son los críticos, sino también a quienes desde los propios gobiernos manifiestan diferentes formas de ver al Estado, al Gobierno y a la vida misma.
La Presidenta misma hace algunos años fue severamente crítica contra todo lo que tenía que ver con hacer listas. Habló de fascismo y no sólo eso salió en defensa de su movimiento en función de que muchos de los que estaban en dichas listas eran parte del movimiento y en muchos casos cercanos a ella.
No queda claro qué se puede estar buscando con una estrategia de esta naturaleza. Surge al mismo tiempo en que se echa a andar un debate sobre la regulación respecto a derechos de las audiencias y derecho de réplica, entre otros elementos sobre la relación que guardan los medios y las redes con el auditorio.
No se explica la estrategia. Si nos atenemos a los altos niveles de popularidad de la Presidenta y en muchos estados del oficialismo, a pesar de que diferentes gobernadores han sido severamente criticados teniendo niveles de popularidad que difícilmente alcanzan el 50%, es claro que, acorde a las encuestas que se han dado a conocer en las últimas semanas, las posibilidades de que Morena pueda mantener buena parte del control del país son altas.
Muchas cosas han estado pasando en las últimas semanas que pudieran tener que ver con que el Gobierno quizá tenga “otros datos” sobre los ánimos en el país. No pareciera tener lógica que se esté llevando a la justicia a exgobernadores en la forma en que se está haciendo, lo que no excluye sus presuntas responsabilidades.
A la par, se está intentando regular las telecomunicaciones en tiempos en que todo pareciera caminar acorde a lo que se ha propuesto la 4T desde 2018.
El factor EU respecto a la relación entre políticos y narcotraficantes pudiera ser un elemento que esté causando ruido y más cuando lleguen las definiciones.
Las listas son para señalar y evidencian un talante poco democrático. Se cierra la libertad de expresión y se desprecia la democracia como pluralidad y como el respeto de las ideas por más críticas que sean.
RESQUICIOS.
Por más diferencias que tengan las y los ministros tienen que sosegarse. No hay sesión en que no haya escándalo, al tiempo que se evidencia, en algunos casos, su impreparación; no los nombraron para ello, eso nos dijeron.


