A diferencia de otros monarcas o líderes políticos cuyo destino se forja con anticipación (en algunos casos incluso desde su nacimiento) y que se van preparando para el día en que asumirán el cargo, en el caso de la Santa Sede quien es electo papa sólo lo sabe unos instantes previos a que sea proclamado sumo pontífice de la Iglesia católica y jefe de Estado del Vaticano.
Tal vez por ello, más allá de lo estrictamente religioso —que es inmediato e incontrovertible—, los papas toman cierto tiempo en afianzar un estilo de liderazgo político. En ese sentido, lo que ha hecho en las últimas semanas Robert Francis Prevost, el papa León XIV, es sencillamente portentoso. La aparición de su primera encíclica y el viaje apostólico a España han marcado un hito en el tipo de liderazgo que podría definir el perfil de su pontificado.
El 15 de mayo de 2026, a un año de ser electo papa y exactamente a 135 años de la publicación de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, el papa León XIV dio a conocer su primera encíclica, Magnifica Humanitas, para advertir sobre los peligros de la revolución tecnológica que cunde en el planeta con la irrupción y el uso generalizado de la Inteligencia Artificial. No es nada casual que León XIV actualice aquella encíclica de León XIII, conocida por ser la piedra angular de la Doctrina Social de la Iglesia, a la que luego se sumaron diversos pronunciamientos del Concilio Vaticano II (1962-1965).
La crisis de los misiles mexicanos
El paralelismo entre ambas encíclicas es deliberadamente intencional: ninguna revolución tecnológica ni estructura económica tiene derecho a superponerse al ser humano y, en ninguna circunstancia la persona debería ser reemplazada por una máquina o robot. La valía del ser humano no se mide por resultados técnicos, y la grandeza de la humanidad es superior a cualquier algoritmo.
Es una realidad que la globalización y las tecnologías emergentes inciden hoy, como nunca, en los procesos más elementales de la vida comunitaria y en la formación del imaginario colectivo. En ese sentido, el papa y su encíclica aciertan en reconocer que la tecnología, si bien no es intrínsecamente buena o mala per se, definitivamente no es neutral: “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Sin desdeñar el enorme beneficio de los avances científicos y el progreso tecnológico, León XIV repara en las amenazas que conlleva —unas evidentes, otras sutiles— a la dignidad humana. De ahí la alerta sobre el uso indiscriminado de la IA. Se requiere, entonces, un “nuevo marco espiritual, ético y político”.
Muchas de las tesis de Magnifica Humanitas fueron utilizadas en los discursos y alocuciones del papa en su exitosa visita apostólica a España, de la cual no sólo hay que resaltar los eventos religiosos masivos en Madrid, Barcelona —incluyendo la espectacular ceremonia de inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia— y las Islas Canarias, sino también, el histórico discurso político ante las Cortes Generales (parlamento español). En un tono equilibrado, pero contundente, señalando con precisión las prioridades de la Iglesia católica, y sin tomar partido ante la polarización y la crisis de gobierno en España, el mensaje del papa no tiene dobleces: “La pluralidad política no debería degenerar en la descalificación permanente del adversario”.
En suma: un documento de destacada relevancia no sólo para la jerarquía y la grey católica, sino de interés general, por las importantísimas consideraciones que contiene, así como una gira internacional que dio una enorme proyección al liderazgo político y religioso de León XIV.

El otro gusano barrenador

