Mientras el mundo está inmerso en la fiebre mundialista, esta semana el G7 se reúne en Évian-les-Bains, Francia. El grupo de los siete reúne a las principales democracias industrializadas: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón, con la Unión Europea sentada en la mesa. Hace un año, Trump abandonó anticipadamente la cumbre de Canadá para volver a Washington en medio de los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes, un asunto que quedó lejos de resolverse.
Las potencias llegan con el precedente de Davos, donde Mark Carney y Emmanuel Macron advirtieron algo parecido desde orillas distintas. El primer ministro canadiense habló de una ruptura, no de una transición, y llamó a las potencias medias a organizarse porque, si no están en la mesa, pueden terminar en el menú. Macron pidió a Europa no aceptar la ley del más fuerte, resistir la agresividad de Washington y usar sus herramientas comerciales sin titubeos. En otras palabras, el G7 no llega unido ni contento consigo mismo.
Las democracias occidentales ya no discuten desde una misma agenda, sino desde urgencias distintas. Europa quiere contener a Rusia y sostener a Ucrania sumando el apoyo de Washington o evitar que se desentienda. Estados Unidos tiene la mirada clavada en Irán, China y sus propias prioridades electorales. La agenda de este año es espejo de esa tensión: Irán, Ucrania, la dependencia frente a China y el avance de la inteligencia artificial.

• Escándalo incómodo en Morena
La guerra en Ucrania ya duró más que la Primera Guerra Mundial y lejos de apagarse entró a una nueva etapa de ataques rusos contra Kiev con misiles y drones. Trump volvió a anunciar (por enésima vez) el fin del conflicto con Irán y se espera que este viernes se firme en Suiza un memorándum de entendimiento que haga públicas las reglas de una negociación todavía frágil. China aparece como una amenaza y un factor de desequilibrio por su potencial de producción y la dependencia en la que han caído prácticamente todos los países del mundo. La discusión sobre inteligencia artificial ya evolucionó a un arma tecnológica con alcances catastróficos para quien la desarrolle.
México no participa en esa mesa, pero es parte activa del desarrollo de esta agenda. La remodernización del tratado con la Unión Europea, firmada hace unas semanas, muestra la búsqueda de diversificación de las economías europeas que quieren depender menos de las potencias hegemónicas. Al mismo tiempo, México entró a la segunda ronda de discusiones de la revisión del T-MEC con Estados Unidos para tocar el tema agro y de piso parejo. Ahí, en ese último punto, será interesante ver el desenlace de los cuestionamientos por la política energética, la preferencia morenista por CFE y Pemex, las trabas regulatorias y las reformas que han reordenado al Poder Judicial, a los órganos autónomos y a los reguladores.
Esta semana será clave para entender lo que resta del año. Igual el G7 no resuelve el desorden global, pero por lo menos que lo mantenga como está.

Las listas, tarde que temprano

