No cabe duda que Gianni Infantino tenía razón. Qué más daban los precios estratosféricos porque la pasión puede rebasar cualquier límite mundano como el dinero. De esta forma, todos aquellos detractores tendrán que aplaudirle y reconocer que este maquiavélico experimento mundialista, que incluyó el aumento exagerado de equipos nacionales y una serie de ventas controladas de tickets que generó colapsos nerviosos en más de uno. Los llenos impresionantes en Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México, son el retrato del éxito del evento deportivo más importante del planeta.
Molesta un poco reconocer que el presidente de la FIFA tenía razón. Tal vez porque muchos estamos más con la filosofía de Marcelo Bielsa, quien se mostró incómodo y reacio con las fotografías oficiales de la FIFA que busca en cada rincón, en cada espacio posible del Mundial, poder comercializar y lucrar con lo que sea. Es esta Copa del Mundo la que más dinero ha movido en todos los sentidos, y ese modelo es ya una realidad para lo que sigue.
Pero también es pecar de inocentes, siendo muy cortés, si creemos que el futbol fue en algún momento sólo correr detrás de un balón. Desde sus orígenes siempre ha sido una herramienta ya sea para fines políticos, sociales o para hacer dinero. Hoy el futbol ha alcanzado su clímax en alcance global, y lo hace desde lo deportivo hasta lo comercial. Selecciones que antes eran compuestas por jugadores amateurs, hoy se presentan con planteamientos y sistemas de juego que hacen que las diferencias se noten mucho menos. No son casualidad los empates de España y Portugal con Cabo Verde y el Congo.

• Empujan atención a reclamos por DH
Lo que sigue siendo atemporal, es la felicidad y gozo que puede provocar ganar un partido en un Mundial. Han circulado por las redes fotografías de los festejos de la gente en 1986 y en comparación con las de hoy, cuarenta años después, es nula diferencia. Puede haber debates y enfoques diversos detrás de los cientos de miles que se han reunido al pie del Ángel de la Independencia, pero más allá de ponernos sociólogos, vaya que la gente necesitaba ganarle una a la vida. México ha jugado mal o regular, con suerte y con los astros alineados, pero la sensación de ganar es única en la vida.
Salir perfectos en el grupo es la siguiente meta. No por vanidad, no porque seamos ambiciosos, es porque debemos romper esos paradigmas que nos encasillan. Salir a jugar sin la responsabilidad y objetivo primarios de ganar, sería volver a ser los mismos del pasado. Alemania o Brasil siempre quieren los nueve puntos, así que es una oportunidad maravillosa de imitar a los campeones del mundo, ese es el camino para acercarnos poco a poco a ese sueño.
También se han roto otras manías mentales, como el rechazo a los naturalizados, hoy Julián Quiñones se ha ganado el cariño y respeto de los que todavía hace una semana no lo querían en el Tri. Ojalá también nuevamente se deje a un lado las rivalidades locales como los que criticaban y deseaban que el Tala Rangel se equivocara, ante Corea se disfrazó de Ochoa y se ganó a muchos detractores. Poco a poco este ambiente mundialista se parece a aquellas tardes o mañanas en 1994 y 1998, cuando la selección era lo único que lograba unir a la gente.
Aún hay techo para este equipo, puede mejorar en muchos aspectos, pero si alguien les dice “no se ilusionen” hagan caso omiso, hoy soñar con el Tri vuelve a estar de moda.

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