PESOS Y CONTRAPESOS

Del T-MEC (3/5)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El T-MEC, como sucede con los tratados de “libre comercio”, ha dado como resultado un comercio entre mexicanos, estadounidenses y canadienses menos intervenido por los gobiernos, pero intervenido (malo), y con la posibilidad de una mayor intervención (peor). Para entenderlo hay que tener claro qué es el verdadero libre comercio.

El concepto libre comercio es redundante. El comercio siempre es libre: ni el comprador obliga al vendedor a vender, ni el vendedor obliga al comprador a comprar. El vendedor vende voluntariamente y el comprador compra voluntariamente, y lo hacen porque les conviene, porque valoran más lo que reciben que lo que dan a cambio, porque, gracias al intercambio, mejoran su bienestar.

El concepto libre comercio se refiere al comercio internacional, que no es comercio entre naciones, sino entre personas de distinta nacionalidad, y lo de libre se refiere a libre de intervenciones gubernamentales, que son, relacionadas con las importaciones, cuatro: prohibición (esto no puede importarse), permisos previos (esto sí se puede importar, pero con permiso del gobierno), cuotas (esto sí puede importarse, pero en determinada cantidad) y aranceles (esto sí se puede importar, pero pagando el impuesto).

Hay libre comercio en los países en los que son los consumidores, comprando o dejando de comprar, quienes determinan, sin ninguna intervención del gobierno, la composición (el qué), y el monto (el cuánto), de lo que se importa, de tal manera que se importa lo que los consumidores compran y en las cantidades que compran.

Para lograr el libre comercio lo único que se requiere es que el gobierno elimine cualquier medida que impida, limite o condicione las importaciones (prohibición, permisos, cuotas, aranceles), para que sean los consumidores, comprando o dejando de comprar, quienes determinen qué y cuánto se importa, lo que es éticamente justo y económicamente eficaz. Éticamente justo, porque se respeta el derecho a la libertad individual para establecer relaciones comerciales con quien más convenga, nacionales o extranjeros. Económicamente eficaz, porque las importaciones contribuyen a minimizar la escasez y a maximizar el bienestar, y porque incentivan a los productores nacionales a volverse más competitivos, capaces de ofrecer a menor precio y/o con mayor calidad y/o con mejor servicio.

Para lograr el libre comercio lo único que se requiere es que, de manera unilateral, el gobierno elimine las medidas que prohíban, limiten o condicionen las importaciones. No se necesita, de manera multilateral, negociar tratados con otros gobiernos.

¿Es posible que, producto de negociaciones multilaterales, entre gobiernos de distintos países, se logre, al menos entre ellos, el verdadero libre comercio? Sí, si el resultado fuera un tratado con un solo artículo que dijera lo siguiente: “A partir de ya, los gobiernos firmantes de este tratado de libre comercio, se comprometen a eliminar, por ser lo éticamente justo y lo económicamente eficaz, cualquier medida (prohibición, permisos, cuotas, aranceles), que impida, limite o condicione las importaciones”. Nada más se requiere para lograr el verdadero libre comercio, algo que, ni remotamente, se logra con los tratados de libre comercio al uso, comenzando por el T-MEC.

Continuará.

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