El resultado del T-MEC, como es el caso de los tratados de “libre comercio”, ha sido un comercio entre mexicanos, estadounidense y canadienses menos intervenido por los gobiernos canadiense, estadounidense y mexicano, pero intervenido (malo), y con la posibilidad de una mayor intervención (peor), consecuencia, principalmente, de las pretensiones proteccionistas, sobre todo arancelarias, de Trump.
Con relación al T-MEC, según lo previsto en el mismo, a partir de julio hay dos opciones. La revisión, obligatoria, que implica evaluarlo y decidir si continúa hasta el 2042 (originalmente está previsto hasta el 2036), con revisiones obligatorias cada seis años. Si no fuera el caso, entonces entraría en una etapa de revisiones anuales hasta el 2036. Si, concluidas las revisiones anuales, no se llegara a un acuerdo, el T-MEC finalizaría el 1 de julio de 2036. La renegociación, opcional, implica modificar el texto del tratado, necesitándose la ratificación de los congresos.
¿Cuál es la opción correcta? Dado que el resultado del T-MEC dista mucho de ser el verdadero libre comercio, en el cual son los consumidores de cada país quienes, comprando o dejando de comprar, sin ninguna intervención del gobierno (prohibición, limitación, condicionante, arancel), determinan la composición (el qué), y el monto (el cuánto), de las importaciones, la opción correcta es la renegociación, no para aplicar más medidas proteccionistas, sí para eliminarlas y avanzar hacia el verdadero libre comercio entre mexicanos, estadounidenses y canadienses, que es, como lo vimos en el anterior Pesos y Contrapesos, éticamente justo (se respeta el derecho a la libertad individual de canadienses, estadounidenses y mexicanos para relacionarse comercialmente como más les convenga), y económicamente eficaz (contribuye a minimizar la escasez y a maximizar el bienestar).

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Cualquier medida que prohíba, limite, condiciones o grave con impuestos el comercio, ya sea entre personas de la misma nacionalidad (comercio intranacional), o entre personas de nacionalidad distinta (comercio internacional), es éticamente injusta y económicamente ineficaz, razones más que suficientes para eliminarlas. Y el T-MEC contiene ese tipo de medidas. ¿Cómo eliminarlas? Renegociándolo.
Cualquier medida que retraiga el comercio, o que evite su expansión, es un error que perjudica a consumidores y productores. Supongamos que produces el bien X, que beneficia a los consumidores, por eso te lo compran, y cuya venta te genera ingresos y ganancias, beneficiándote tú también. ¿Cuál de estas dos opciones beneficia a más consumidores (bueno), y te beneficia más a ti (bueno)? Primera: que lo puedas ofrecer, nada más, en tu colonia. Segunda: que lo puedas ofrecer en todo el mundo. ¿Cuál beneficia a más consumidores? La segunda. ¿Cuál te beneficia más a ti? También la segunda. ¿Y cuál es la segunda opción? La del libre comercio, la de poder ofrecer, lo que se produce, en cualquier país, sin la intervención, éticamente injusta y económicamente ineficaz, de los gobiernos, sin prohibiciones, sin límites, sin condiciones, sin aranceles.
El T-MEC, ¿se renegociará con la intención de avanzar hacia el verdadero libre comercio?
Continuará.

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