1.- En un partido en el que México lo que tenía que hacer era ajustar sus piezas, sin dejar de preocuparse por el marcador, lo más importante, sin duda, fue de nuevo la gran movilización social que provoca el Tri.
Los ríos de gente por las calles de muchas ciudades del país son la manifestación más acabada de la identidad y movilización de la sociedad ajena a cualquier interés político. Las calles de nuevo están en manos de quienes son sus propietarios.
Se trató de minimizar al máximo cualquier riesgo, poniendo pantallas por todos lados. No había manera de caminar sobre avenida Reforma desde las cinco de la tarde.
Sin conocer el resultado y sólo con el primer tiempo de por medio, Javier Aguirre optó por mover piezas que le permitieran poner a prueba a algunos jugadores en función de lo que viene. No se trata de hacer muchos cambios de un partido a otro, porque lo importante para un técnico es afianzar lo que tiene y en este sentido, lo que le ha dado resultado.
Aquello de jugar bonito es cada vez más complicado para el Tri. Tiene que esforzarse mucho por lograr tener el control del juego y fluir. Mora ciertamente hace diferencia, pero necesita compañeros que le entiendan, no que sólo le acompañen.
Lo importante del primer tiempo es que la Selección sigue, en medio de sus imprecisiones, buscando proponer el partido, a la defensiva o a la ofensiva.
Ayer, Guillermo Ochoa nos fue diciendo adiós desde la banca. Su brillante carrera queda en la nostalgia futbolera.
2. Brasil juega contra sus adversarios y contra su pasado. No hay manera de ver jugar a los brasileños y no pensar en los maravillosos jugadores que han acompañado a la Selección.
Cada vez que van a un Mundial, han ido a todos, en automático aparecen videos por doquier de la histórica derrota del 50 en Maracaná, y junto con ello, los triunfos de sus cinco maravillosos títulos de Copa del Mundo.
Ayer tuvieron la ventaja de que Escocia les echó una mano. Los escoceses se volvieron locos con la pelota en zona defensiva y hacer eso ante un jugador como Vinicius es auténticamente un suicidio. El resto fue sobrellevar el juego y en algún sentido, administrarse para darle un espacio más que merecido a Neymar.
Brasil está en la siguiente ronda con un futbol que no se parece mucho al de su pasado. Tiene muy buenos jugadores que a la primera distracción deciden los partidos, como pasó. El Mundial entró en una etapa en donde de lo que se trata es de ir avanzando, y en la medida en que se avanza, obviamente, las dificultades crecen.
En Brasil no se permiten medias tintas con su equipo. Lo importante empieza a partir de la siguiente ronda, y ahí la devoción, la esperanza, la pasión de toda la sociedad entra en vilo.
Un gran gesto democrático
