BAJO SOSPECHA

El péndulo gira en América  Latina

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La reciente elección presidencial en Colombia confirmó una tendencia que se observa en buena parte de América Latina: el desgaste de los gobiernos de izquierda y el ascenso de propuestas que colocan la seguridad, el crecimiento económico y el combate al crimen organizado en el centro del debate político.

La primera vuelta presidencial, celebrada el 31 de mayo, dejó en evidencia la profunda polarización que vive Colombia. Ninguno de los candidatos logró obtener más del 50 por ciento de los votos necesarios para ganar de manera directa, por lo que se tuvo que hacer una segunda vuelta electoral.

Abelardo de la Espriella, quien maneja una agenda de derecha enfocada en la seguridad, el fortalecimiento institucional y una relación más estrecha con Estados Unidos, se colocó en primer lugar. Detrás de él quedó Iván Cepeda, el candidato de Gustavo Petro.

A LA DERECHA

SIMPATIZANTES de Abelardo de la Espriella, el domingo, en Barranquilla ı Foto: AP

La campaña entre la primera y la segunda vuelta se convirtió en un referéndum sobre la gestión de Petro. Los temas económicos, la inseguridad, el aumento de las extorsiones, la presencia de grupos armados ilegales y el crecimiento de los cultivos de coca dominaron el debate nacional.

Mientras Cepeda defendía la necesidad de profundizar las reformas sociales y mantener la política de negociación con grupos armados, al asumir la presidencia en agosto de 2022, Petro afirmó que la guerra contra las drogas había fracasado. Su gobierno abandonó la estrategia centrada en la fumigación aérea y la erradicación forzosa de cultivos de coca para privilegiar programas de sustitución voluntaria, desarrollo rural y negociación con comunidades campesinas, argumentando que el problema central era el narcotráfico y no los cultivadores de coca, insistía en recuperar una estrategia más agresiva contra el narcotráfico y el crimen organizado.

La segunda vuelta, celebrada el 21 de junio, estuvo marcada por una participación histórica y por una competencia extremadamente cerrada. Durante toda la jornada electoral las encuestas de salida mostraron un escenario de empate técnico.

Finalmente, De la Espriella logró imponerse por un margen reducido, obteniendo cerca de 13 millones de votos y una ventaja de apenas unos cientos de miles de sufragios sobre Cepeda.

La diferencia fue tan estrecha, que el oficialismo solicitó revisiones e impugnaciones en diversas mesas de votación. Sin embargo, conforme avanzó el escrutinio oficial, la tendencia observada en el reconteo se mantuvo prácticamente intacta y confirmó la victoria del candidato opositor. Es una muestra más de lo polarizada que se encuentra América Latina.

El resultado reflejó el deseo de una parte importante de la sociedad colombiana de modificar el rumbo político del país. Muchos votantes que respaldaron a Petro en 2022 expresaron desencanto por los resultados obtenidos en materia de seguridad y economía, factores que terminaron favoreciendo a la oposición.

La victoria de De la Espriella forma parte de lo que estamos viendo en América Latina, en donde la región se está volcando a cambiar de los gobiernos populistas a unos que garanticen la seguridad y la economía de la región.

Lo que sucede siempre en estos casos es que el péndulo se mueve de un lado al otro sin quedarse en un punto medio.

Mientras el gobierno de Petro se enfrentó directamente con el presidente de EU por su política en materia de seguridad, e implementó una especie de “abrazos y no balazos”, lo cual hizo que la seguridad en Colombia se deteriorara ampliamente, De la Espriella habla de una política de seguridad mucho más cercana a la de Donald Trump.

En una entrevista concedida el 12 de mayo de 2026, durante la recta final de la campaña presidencial colombiana, Abelardo de la Espriella habló sobre el combate a la delincuencia y a los narcotraficantes.

El entonces candidato afirmó que retomaría la fumigación de los cultivos de coca, al considerar que son la fuente principal de financiamiento de las organizaciones criminales, los grupos armados y las redes dedicadas al tráfico de drogas. Dijo que lo haría de tal manera para no afectar a la sociedad y que sí se destruyan los plantíos de coca.

De la Espriella sostuvo que la erradicación de los cultivos sería una prioridad de su gobierno y planteó utilizar fumigación aérea, apoyo tecnológico y operativos en campo para reducir de manera acelerada las hectáreas sembradas de coca. A su juicio, mientras exista una producción creciente de droga, será imposible debilitar económicamente a los grupos criminales.

También aseguró que ordenaría derribar las aeronaves utilizadas por las organizaciones del narcotráfico para transportar droga fuera del territorio colombiano y hundir embarcaciones empleadas por estas redes criminales. La propuesta forma parte de una estrategia de mano dura, que busca atacar toda la cadena del narcotráfico, desde la producción hasta el transporte y la distribución.

Es, sin duda, la misma estrategia que ha seguido el presidente de EU, Donald Trump, quien por cierto, ha felicitado ampliamente a De la Espriella.

El candidato ganador también prometió fortalecer las capacidades de las Fuerzas Armadas, endurecer las acciones contra grupos armados ilegales y aumentar las operaciones de inteligencia para perseguir a las organizaciones criminales que operan en distintas regiones del país.

Es una línea completamente distinta a la que ha llevado el presidente Gustavo Petro a lo largo de estos últimos años. Al asumir la presidencia en agosto de 2022, afirmó que la guerra contra las drogas había fracasado. Su gobierno abandonó la estrategia centrada en la fumigación aérea y la erradicación forzosa de cultivos de coca para privilegiar programas de sustitución voluntaria, desarrollo rural y negociación con comunidades campesinas, argumentando que el problema central era el narcotráfico y no los cultivadores de coca.

Desde entonces Colombia ha enfrentado cuestionamientos por el deterioro de la seguridad en varias regiones, con el fortalecimiento de grupos armados, el aumento de extorsiones, secuestros y actividades del narcotráfico.

Reportes de la ONU señalan que los cultivos de coca alcanzaron niveles récord en estos últimos años y que la producción potencial de cocaína aumentó significativamente.

Colombia había logrado recuperar su seguridad y controlar a los grupos productores de cocaína en gran medida, pero con la llegada de Petro éstos se fortalecieron.

Sin duda, éste es uno de los temas centrales por los que ha ganado el candidato De la Espriella en Colombia. Recuperar la seguridad en su país no será fácil; durante los últimos años se relajó la fuerza contra los productores de coca y éstos se fortalecieron.

América Latina parece cambiar de rumbo. En los últimos años, varios países han optado por gobiernos más orientados a la seguridad y al crecimiento económico, alejándose de proyectos populistas. Argentina, Ecuador, Bolivia y Colombia reflejan esta tendencia. Brasil podría seguir el mismo camino en las próximas elecciones.

Hoy, México, Cuba, Nicaragua y Venezuela parecen quedarse cada vez más solos en

la región.

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