Las imágenes donde Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, golpea brutalmente a su esposa enfrente de un niño chiquito son tremendas. Las hizo públicas su propia pareja, María Felicia Jiménez Lavie.
Sin duda, es una historia de violencia que, como lo ha dicho Jiménez Lavie, llevaba años ocurriendo en privado.
Nadie instala una cámara dentro de su propia casa para grabar a su esposo durante una discusión por casualidad. Colocada dentro del hogar suele ser el último recurso de quien siente que su palabra, por sí sola, no será suficiente para ser escuchada.

• Lluvias, basura y negligencia
Las imágenes difundidas son particularmente dolorosas. Se observa un forcejeo, empujones y golpes presuntamente propinados por el entonces director general de Pemex contra su esposa. Pero hay otro elemento que hace aún más grave la escena: la presencia de un niño pequeño. El menor aparece corriendo en medio del conflicto mientras presencia la agresión.
EL RETO DE LA NO IMPUNIDAD

María Felicia Jiménez no es una mujer vulnerable por falta de preparación o independencia. Es doctora, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México, con una sólida trayectoria profesional. Sin embargo, la violencia familiar no distingue niveles educativos, profesiones ni condición económica.
El poder que ejerce un agresor no siempre proviene de la fuerza física; muchas veces proviene del miedo. Durante mucho tiempo esta mujer no se atrevió a denunciar la violencia doméstica, porque su esposo es un hombre con muchos contactos y mucho poder dentro del Gobierno federal.
Además de golpes, ejercía violencia psicológica contra su esposa, diciéndole que si ella decía algo sobre la violencia en la que vivía, él, con su poder y contactos políticos, la iba a deportar a Cuba y le iba a quitar a los niños. Cuando una mujer está frente a este tipo de hombres, que tienen cargos políticos importantes, dinero y relaciones, es mucho más difícil denunciar.
Ella misma lo ha dicho: tardó años en hacer públicas las denuncias porque vivía amenazada. Asegura que Rodríguez Padilla le repetía que nadie la apoyaría, ya que él era cercano a la Presidenta, con quien estudió desde la Facultad de Ciencias de la UNAM y, posteriormente, coincidió en la maestría en Ingeniería en Energía.
De acuerdo con el testimonio de Jiménez Lavie, esas referencias a su cercanía con la Presidenta formaban parte del mecanismo de intimidación de este personaje.
Y es que Víctor Rodríguez Padilla era muy poderoso en esta administración.
Dirigió la empresa más importante del país, Petróleos Mexicanos, y apenas semanas antes había sido anunciado como próximo director general del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias.
No fue sino hasta que se hizo público este video que la Secretaría de Energía aseguró que ese nombramiento nunca se formalizó.
Tras la difusión del video, Rodríguez Padilla difundió un comunicado en el que anunció que se separaba de cualquier cargo público para enfrentar el proceso como ciudadano y afirmó que no interferiría en las investigaciones.
Llama la atención el lenguaje utilizado. Decir que no intervendrá en las investigaciones parecería una obviedad para cualquier ciudadano, pero ¿por qué lo aclaró? Sin duda, porque se sentía impune.
Nadie debería estar en condiciones de influir en una investigación penal. La ley debe aplicarse igual para cualquier persona, independientemente del cargo que haya ocupado.
Este caso de agresión contra Jiménez Lavie también refleja un problema mucho más amplio. En México existen miles de mujeres que viven bajo amenazas similares y cuyos agresores les hacen creer que tienen suficientes influencias para evitar cualquier consecuencia.
Mujeres convencidas de que nadie les creerá, de que perderán a sus hijos, de que las autoridades protegerán al hombre poderoso y no a la víctima. El miedo es uno de los instrumentos más eficaces para perpetuar la violencia.
Por eso resulta tan importante que este caso sea investigado con absoluta independencia y sin privilegios. La presunción de inocencia debe respetarse, como corresponde en cualquier Estado de derecho. Pero esa garantía procesal no puede convertirse en un escudo para minimizar una denuncia ni para ignorar un video cuya autenticidad y contexto deberán ser esclarecidos por las autoridades competentes.
Por lo pronto, la Secretaría de las Mujeres informó que brinda acompañamiento y medidas de protección a María Felicia Jiménez. La Fiscalía de Morelos abrió una carpeta de investigación. La Presidenta Claudia Sheinbaum manifestó públicamente que toda denuncia por violencia contra las mujeres debe investigarse y que la víctima contará con apoyo institucional.
Todo indica que este caso también tomó por sorpresa al Gobierno federal.
No por la relación personal y académica ya referida durante décadas, sino porque resulta difícil imaginar que alguien de esa relevancia pudiera enfrentar acusaciones de esta gravedad respaldadas por imágenes tan contundentes, sin que ella estuviera informada.
Ahora será la investigación la que determine las responsabilidades legales. Pero, más allá del desenlace judicial, este caso debería sentar un precedente: ninguna persona que tenga un cargo público debe sentirse poderosa e impune. Desgraciadamente, esta soberbia de pensar que, si se tiene poder, se puede hacer lo que sea es muy común en México.
Hoy María Felicia Jiménez Lavie y, sobre todo, su hijo necesitan un apoyo importante, no sólo jurídico, sino también psicológico.
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EN MI LIBRO Sin bajar la guardia, explico que salir de una relación de violencia comienza por reconocer que nunca es normal y que siempre tiende a escalar. Los golpes casi nunca son el primer episodio: antes aparecen los celos, el control, las descalificaciones, las amenazas, el aislamiento y la manipulación. Identificar esas señales es el primer paso para proteger la vida.
El segundo paso es romper el silencio. La víctima debe pedir ayuda a familiares, amistades, instituciones o especialistas y construir una red de apoyo. La violencia prospera cuando la mujer queda aislada y depende emocional o económicamente de su agresor.
También es fundamental elaborar un plan de escape. Si el riesgo aumenta, hay que salir del lugar seguro, denunciar y solicitar medidas de protección. Nunca se debe esperar a que la violencia llegue a un punto sin retorno.
El proceso continúa con atención psicológica y asesoría jurídica para reconstruir la autoestima, romper la codependencia y comprender que nada de lo ocurrido fue culpa de la víctima. La independencia económica, la educación y el fortalecimiento de las redes de apoyo son herramientas esenciales para recuperar la libertad.
En Sin bajar la guardia, sostengo que ninguna mujer debe soportar un solo episodio de violencia física. El amor nunca justifica el maltrato. Por cierto, entre más alta es la situación socioeconómica de la mujer, más tardan en denunciar o, incluso, no lo hace.
Si eres víctima de violencia, es importante pedir ayuda, denunciar y alejarte del agresor. Eso puede marcar la diferencia entre seguir atrapada en el ciclo de la violencia o salvar la propia vida.

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