El idilio cobra fuerza. La selección jugó uno de sus mejores partidos en mucho tiempo.
Lo que pasó el martes tiene una dosis de emoción, sentimientos de toda índole, sufrimientos y sobre todo, momentos de magia. En el futbol se trata de ganar. Lo del martes nos colocó con un triunfo con fondo y forma. Se ganó y sobre todo, los aficionados salieron orgullosos y satisfechos de su equipo. Por primera vez en mucho tiempo los vieron como una extensión de ellas y ellos.
La emoción del triunfo y la forma en que se obtuvo se vio en la calle. Fue la fiesta que tuvo que ver con la forma en que fuimos creando la narrativa del partido.

• Los nuevos desafíos
El Tricolor le ganó a un Ecuador que no puede poner muchos pretextos. Es un equipo que en Sudamérica tiene roce con selecciones de alto nivel y que juegan en diferentes alturas. Si algo pasó fuera de lugar hay que ir a buscar a la FIFA.
En la cancha, el Tri tuvo un primer tiempo de sacrificio, entrega, pero sobre todo, de un sentido del juego que se manifestó en el talento de sus jugadores. La razón por la cual las y los aficionados llenaron las plazas y las calles de diversas ciudades del país, tiene que ver con el sentido de identidad que desde siempre le ha dado a la selección, la cual ahora creó el regocijo popular por la forma en que obtuvo el triunfo.
El Tri tiene la virtud de haberse convertido en un equipo fundamentalmente colectivo. Es cierto que Gilberto Mora es un promisorio referente. Lo mejor que le puede pasar a un futbolista es que la pelota no le queme y que todo el tiempo quiera tenerla en sus pies. Mora sabe qué hacer con el balón, pero también sabe qué hacer sin él porque siempre está buscando la manera de encontrarse desmarcado para que le entreguen la pelota.
Mora es el garbanzo de libra de la selección. Pero no tiene sentido pasar por alto lo que otros jugadores están haciendo y cumpliendo. El Tala Rangel ha vivido una evolución sumamente interesante. Desde las Chivas ha crecido y con la selección se ha consolidado. La defensa es un dique que tiene como virtud, hasta ahora, que no le hayan metido un gol. El hecho de que no le hayan metido tantos al balón parado y por alto tiene mucho de excepcional en la historia de las Selecciones Mexicanas.
El Tricolor tiene defensa sólida, un mediocampo que no le permite a sus rivales recibir el balón con un mínimo de tranquilidad, y delanteros que meten goles.
Por lo pronto, se vislumbra futuro. Ya habrá tiempo para hablar de Inglaterra. Lo que es un hecho, es que dadas las condiciones bajo las cuales ha estado jugando la selección, de la mano de una evolución virtuosa, los ingleses no están tan lejos, más bien están en la mira.

Futuro incierto

