Se dice que se está extinguiendo el jogo bonito en favor de un futbol vertiginoso y atlético en el que cada jugador ataca y defiende, corriendo enormes distancias. Para el filósofo francés Gilles Lipovetsky, a finales del siglo XX la innovación tecnológica penetró en todos los ámbitos de la vida y el consumo se volvió compulsivo; a eso lo llamó la “hipermodernidad”.
El futbol ha seguido el mismo camino. La primera característica distintiva del hiperfutbol es la hipertecnología. Con el VAR, ya no se juzga sólo a partir de la mirada del árbitro, sino mediante cámaras. Los clubes monitorizan a los jugadores con dispositivos GPS, sensores biométricos e inteligencia artificial capaz de evaluar su rendimiento. El propio reclutamiento de jugadores depende cada vez más del análisis de datos. La tecnología ya no sólo ayuda al futbol, ayuda a definirlo.
Otra característica del hiperfutbol es que existe gracias al hiperconsumo. Apoyar a un club o selección ya no es asistir a los partidos o verlos por televisión abierta. Los aficionados estamos en un laberinto de suscripciones a plataformas de streaming, contenido premium, productos oficiales y piratas, aplicaciones móviles, documentales y redes sociales. El futbol ya es una experiencia comercial continua, con pausas de hidratación para más publicidad.
El ritmo tradicional de un partido de fin de semana ha desaparecido. El futbol está disponible todos los días, a todas horas, en distintas plataformas. Rumores de fichajes, análisis tácticos, partes médicos de lesionados, podcasts e interminables videos crean un flujo constante de bla bla bla.
El domingo le toca a México enfrentarse a Inglaterra, la cuarta selección en la clasificación FIFA. El segundo equipo más caro (después de Francia) en términos de su nómina de jugadores. Se han comparado los estilos de los delanteros Harry Kane y Raúl Jiménez. Pero, en el mundo del hiperfutbol, Raúl es también un héroe y un milagro viviente. En 2020, sufrió una fractura de cráneo que ponía en riesgo su vida. El sistema trató de desecharlo como a un kleenex. Y helo aquí, con dos goles anotados en el Mundial.
Raúl Jiménez representa una paradoja del hiperfutbol. Es producto de un deporte cada vez más tecnificado, acelerado y mercantilizado, pero también es la prueba de que todavía existe un margen para lo imprevisible. En una época en la que los futbolistas parecen activos financieros cuya utilidad se mide por datos y rendimiento inmediato, Raúl nos recordó que el futbol sigue siendo un drama profundamente humano. Detrás de la inteligencia artificial, del VAR, de las plataformas de streaming y de la velocidad vertiginosa del hiperfutbol, aún sobreviven el coraje, la resiliencia y la capacidad de sorprender. La ventana del triunfo está abierta porque tenemos el ejemplo de Raúl Jiménez; el genio de Gilberto Mora; el patriotismo por elección de Quiñones, Santi y Fidalgo; el momento de inspiración del Tala; la concentración de Montes, Vásquez y Sánchez; la determinación de Lira; la bipolaridad defensiva-ofensiva del Piojo y de Mateo; aparte de otras sorpresas que prepararán Javier Aguirre y Rafa Márquez.
¿Nuevas opciones?
