SOBRE LA MARCHA

Hace 8 años la 4T llegó; hace 20, México se rompió

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Hace ocho años pudo. La tercera alternancia en la democracia mexicana coronó la tercera candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Hace ocho años ganó quien prometió honestidad valiente, quien simplificó la oferta; hacer las cosas bien porque nada requiere mucha ciencia y todo con probidad es posible.

Y no. La corrupción sigue aquí. La ilegalidad criminal, cárteles, extorsiones, violencia, desaparecidos y fosas comunes, también. Los múltiples cochupos del peñato o del calderonato que AMLO señaló, nunca los denunció.

García Luna, ícono distractor favorito de la 4T, fue detenido, juzgado y sentenciado en Estados Unidos, no aquí. La insolencia de Estados Unidos con la cura a sus adicciones como pretexto, es la mayor en décadas.

Esa misma justicia gringa es la que acusa a Rubén Rocha Moya y otros 9 sinaloenses. La misma que filtra nombres de conspicuos morenistas investigados, la misma que cancela visas, la misma que presiona para que los políticos que protegen y se benefician de capos y narcos, sean sometidos por la ley.

Hasta hoy, como ayer, el reflejo de la claque política es defender a los suyos envolviéndose en la bandera de la soberanía nacional, con minúsculas.

Soberanía que tierra adentro no es capaz de imponer legalidad, de transitar libremente por regiones enteras, de frenar el huachicol fiscal que, con inédita teatralidad, se nos dijo, erradicaron comprando pipas y carrotanques para mover gasolinas de manera certera. Hoy, se decomisan buques enteros.

Hace ocho años AMLO no advirtió que las insuficiencias de su administración serían, todas y cada una, culpa del pasado. De un “como antes” impune y objeto de acuerdos políticos transexenales hechos en lo oscurito.

Tampoco avisó que entre los suyos habría pícaros y sinvergüenzas por doquier. Que su pragmatismo encumbraría a impresentables personajes tan populares como nefastos.

Hace 20 años el PAN retuvo el poder, último sexenio azul. Por polémico margen de 0.56 por ciento, Felipe Calderón derrotó a López Obrador. Jurídicamente nunca nadie ha probado el presunto fraude electoral. Sin embargo, aquella madrugada del 2 de julio del 2006, los mexicanos nos fracturamos.

La división, el clasismo, la inequidad, los abusos y las deudas endémicas del Estado para con los pobres del país han estado ahí, siempre. Hoy también. A pesar de los ocho años de una transformación sin pericia colectiva y con el resentimiento acumulado y heredado durante generaciones, que hoy gestan más revancha que progreso.

Hace 20 años AMLO desconoció otra derrota electoral, nunca ha aceptado una, siempre, según él, lo robaron. Como a millones durante décadas, de ahí su manto, encanto y empatía entre víctimas. Con el plantón sobre Reforma, movilizando masas para manchar un relevo presidencial y constitucional, se impuso una valoración moral —infinitamente subjetiva e inasible— para normar políticas públicas más allá de parámetros realistas.

Que el domingo México gane. Que la euforia colectiva madure en algo constructivo, al menos no tan polarizante. Aniversarios que van y vienen.


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