Es impresionante lo que el futbol provoca en el ser humano. Sinceramente, no es para mí un deporte que me llame mucho la atención. También reconozco que anteriormente ver jugar a la Selección Nacional me causaba mucha molestia, porque veía un equipo de hombres bien comidos, bien pagados y bien chiflados, que lo único que hacían era salir a decepcionarnos. Si bien tenían sus destellos de genialidad, la realidad es que siempre lograban decepcionarnos, o por lo menos, eso pasaba conmigo, siempre terminaba yo siendo el hater diciendo: “¿Qué les dije? Como siempre, iban a perder”.
Sin embargo, en esta ocasión ha sido diferente, porque por primera vez he seguido con devoción religiosa cada uno de los partidos, y lo único que han logrado es hacerme pasar momentos que voy a guardar toda mi vida. Ver a mi familia pegada a la televisión mordiéndose las uñas, gritando gol y brincando de la silla en cada jugada, es algo que para mí no tiene precio. Ese sentimiento que nos hace sentir este gran equipo merece cada aplauso, emoción y felicidad que vivimos juntos.
Por eso, creo que en el fondo los mexicanos no estamos tan divididos como a veces nos quieren hacer creer. Durante 90 minutos dejamos de preguntar ¿por quién votaste?, ¿en dónde trabajas?, ¿a qué te dedicas? o ¿de dónde vienes? En esos 90 minutos sólo somos una cosa: hermanos. Gritamos el mismo gol, sufrimos la misma jugada y celebramos la misma victoria. Nos abrazamos con desconocidos, cantamos el himno con orgullo y, por un momento, desaparecen la violencia, la incertidumbre, las malas noticias y el ruido de la grilla.

• Consideración en Michoacán
Y eso demuestra algo muy importante: Que el problema no es que estemos divididos. Muchas veces los políticos necesitan que lo estemos, porque un país enfrentado es mucho más fácil de manipular que un país unido. La Selección nos recuerda que sí podemos caminar en la misma dirección cuando tenemos un objetivo común. Ojalá algún día entendamos que esa fuerza que sentimos cuando juega México no debería durar sólo 90 minutos.
La última…
Sólo cuando dejamos de vernos como adversarios y empezamos a vernos como hermanos mexicanos, descubrimos que somos mucho más fuertes de lo que imaginamos. Y quizá ése sea el verdadero triunfo que algún día necesitamos celebrar… ¡Viva México unido!
…y nos vamos.

Las campañas y el narco
