El consultor Ernesto Cordero explica que en 7 de las 9 finales intercontinentales ganó el equipo que jugaba en su tierra; asegura que México pertenece a la élite del futbol mundial
Este domingo se disputará la final del Mundial 2026, en un encuentro entre España y Argentina. Durante casi un siglo, las Copas del Mundo no sólo han dejado grandes partidos y campeones memorables; también han construido una enorme base de datos que permite identificar patrones.
¿Existe una ventaja real para los equipos cuando el Mundial se juega en su propio continente? ¿Por qué América suele favorecer a las selecciones americanas y Europa a las europeas? ¿Qué tan cerrado es el grupo de campeones del mundo?

• El que no se puede ir
Platicamos con Ernesto Cordero, consultor financiero y apasionado del análisis estadístico. Revisamos las cifras y tendencias que han marcado las 23 Copas del Mundo y lo que esos números anticipan para las grandes finales.

Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué nos dicen los números?
Ernesto Cordero (EC): El futbol genera una enorme cantidad de información y, cuando uno revisa casi cien años de historia, encuentra patrones que se repiten con mucha consistencia.
BB: ¿Cuál es la principal conclusión que arrojan esos datos?
EC: Hay una regularidad muy marcada: cuando el Mundial se juega en América, existe una probabilidad mucho mayor de que el campeón sea una selección americana. Cuando se juega en Europa, las posibilidades favorecen claramente a una selección europea. No significa que siempre ocurra, porque existen excepciones, pero la tendencia histórica es muy sólida.
Además, el equipo que juega en su propio continente suele tener una ventaja importante. Y hay otro dato interesante: el grupo de campeones del mundo es muy reducido. No es un torneo en el que constantemente aparezcan nuevos campeones. Es un círculo muy cerrado al que sólo pertenecen unas cuantas selecciones.
BB: ¿Qué tan contundentes son?
EC: Hay un dato muy ilustrativo. Si tomamos únicamente las finales intercontinentales, es decir, aquéllas en las que un finalista era europeo y el otro americano, encontramos nueve casos. De esas nueve finales, en siete ganó el equipo que jugaba en su propio continente.
Las únicas excepciones fueron el Mundial de Suecia de 1958, cuando Brasil derrotó a Suecia en Europa, y el Mundial de Brasil 2014, cuando Alemania venció a Argentina en territorio americano. Fuera de esos dos casos, la tendencia es muy clara: América favorece a los americanos y Europa favorece a los europeos.
BB: Hay quienes explican este fenómeno por factores climáticos, horario, alimentación, césped o presión ambiental. ¿Coincides con esa interpretación?
EC: Yo sería muy cuidadoso. Los números muestran que la tendencia existe, pero demostrar exactamente por qué ocurre es mucho más complicado. No puedo afirmar que sea exclusivamente por el clima, la altitud o los cambios de horario. Lo que sí puedo decir es que esta regularidad tiene un enorme valor predictivo.
BB: ¿Esa variable pesa al momento de hacer un pronóstico?
EC: Muchísimo. Ningún dato garantiza un resultado. Basta con recordar el Mundial de Italia 1990, cuando Argentina llegó con un gran equipo y perdió la final frente a Alemania. Sin embargo, cuando analizas la historia completa, descubres que la localía continental es la variable con mayor capacidad para anticipar tendencias.
BB: ¿Qué tipo de datos produce hoy el futbol moderno?
EC: Hoy prácticamente todo se mide. Se registran variables fisiológicas como la frecuencia cardiaca, presión arterial, temperatura corporal y niveles de esfuerzo de cada jugador en tiempo real. Existen métricas completamente deportivas: velocidad del balón, distancia recorrida, mapas de calor, zonas de recuperación, posesión efectiva, intensidad de presión, precisión de pases y muchísimas variables más.
A eso se suma toda la información económica: el valor de mercado de cada futbolista, el costo de las plantillas, la edad promedio de los equipos, la experiencia internacional y muchos otros indicadores. Con todos esos datos se construyen modelos predictivos muy sofisticados.
BB: ¿Mientras más complejo es un modelo, mejores resultados ofrece?
EC: No necesariamente. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario. Los modelos sencillos suelen ser más robustos. Hay evidencia estadística que demuestra que incorporar demasiadas variables puede hacer que un modelo pierda capacidad predictiva. Por eso me gustan las regularidades históricas muy claras, como la ventaja continental o el reducido grupo de selecciones que históricamente logran convertirse en campeonas del mundo.
BB: Encontraste datos muy interesantes sobre la Selección Mexicana.
EC: Sí. Muchas veces se menosprecia a México, porque no ha logrado dar el salto hacia las últimas instancias, pero cuando uno revisa las estadísticas, aparece una realidad distinta. Desde Estados Unidos 1994, sólo seis selecciones lograron clasificarse para todos los Mundiales: Argentina, Brasil, México, España, Corea del Sur y otra selección que también mantuvo una participación constante.
Pero hay un dato todavía más importante. De todas esas selecciones, únicamente tres consiguieron avanzar de manera consistente a la fase de eliminación directa durante ese ciclo: Argentina, Brasil y México. Eso significa que México pertenece a un grupo muy reducido de equipos con una presencia constante en la élite del futbol internacional.
BB: Es decir, México suele competir mejor de lo que muchas veces se reconoce.
EC: Exactamente. México es una selección respetable. Es un rival difícil. Ganarle cuesta trabajo, como quedó demostrado en este Mundial. Muchas veces se compara únicamente con las grandes potencias campeonas, pero hay selecciones muy importantes como Bélgica, Países Bajos o Noruega que tampoco han conseguido levantar la Copa del Mundo. Cuando uno observa las estadísticas con objetividad, México aparece con mayor relevancia de la que normalmente se le concede.
BB: De cara a la final de este Mundial, ¿qué dicen tus números?
EC: Nunca existe una certeza absoluta en el deporte. Los partidos se juegan en la cancha. Pero, si únicamente tomamos en cuenta la evidencia histórica y las tendencias estadísticas, yo estimaría aproximadamente un 70 por ciento de probabilidad de que gane Argentina y alrededor de un 30 por ciento de que gane España.
Eso no significa que España no pueda ganar. Tiene un extraordinario equipo. Simplemente quiere decir que la historia favorece a Argentina por el contexto continental donde se disputa este Mundial.
BB: Argentina también tiene antecedentes importantes en este tipo de escenarios.
EC: Así es. Fue campeona como local en 1978, ganó en México 1986 frente a Alemania, aprovechando precisamente esa condición continental, y volvió a conquistar el título en Catar, aunque ese torneo representa un caso distinto, porque no pertenece ni a Europa ni a América. España, por su parte, conquistó su único campeonato mundial en Sudáfrica 2010, un escenario neutral desde el punto de vista de esta comparación continental.
BB: Finalmente, ¿qué enseñanza dejan casi cien años de historia mundialista?
EC: Que el futbol puede analizarse con datos y que muchas veces la historia ofrece pistas muy valiosas sobre el futuro. Las estadísticas no sustituyen al talento ni garantizan resultados, pero sí permiten entender tendencias que se repiten generación tras generación. Lo más importante ahora es disfrutar la final. Después veremos si, una vez más, los números terminan teniendo razón.

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