1. En la euforia, los argentinos reivindicaron Las Malvinas y ante la tele, o sin que los viera la tele, se dedicaron a lanzarle pullas a los ingleses.
Fue el momento en que, por fin, liberaron todas las tensiones de un partido que tuvo momentos en que parecía definido. Argentina jugó ante Inglaterra uno de los mejores duelos que haya disputado en los últimos tiempos.
Lionel Messi lo reconoció, no sin antes mandar tres o cuatro mensajes claros a todos aquellos que han venido menospreciando los triunfos argentinos. No se puede pasar por alto que la discrecionalidad de los árbitros en algunas jugadas fue un factor.

• El que no se puede ir
Tampoco se soslaya que Argentina no enfrentó a rivales de peso previo a su duelo contra Inglaterra. Sin embargo, no tiene sentido hacer una crítica fácil al futbol argentino en el Mundial porque ha estado ante la adversidad y en ambos casos se ha comportado serio, hasta cierto punto alegre, y metido en el partido porque, como hemos venido diciendo, es un equipo que, en el mejor sentido de la palabra, no sabe perder.
El nuevo triunfo argentino en el momento exacto y en el lugar indicado, como sucedió en el 86, viene a mostrar que en términos de equipos y de cohesión interna, Argentina es un equipo que entiende que la derrota no está en su diccionario, en tanto que el triunfo es su definición como equipo.
La actual selección es un equipo de época. La posibilidad de que sea bicampeona es un hecho de enorme relevancia en la historia del futbol mundial y ni qué decir de los argentinos.
Los últimos que lo lograron fueron los brasileños en 1958 y 1962. Si en el Mundial de Inglaterra no hubieran pateado a Pelé como lo hicieron, en una de esas podría haber extendido su racha hasta México 70; todo ello, bajo el verbo “hubiera” que por lo general es un mal verbo.
Argentina está donde debe. Inglaterra sigue enojada y lo peor es que ha lanzado amenazas de no asistir al partido que nadie quiere jugar, pero que invariablemente queda para la historia como un referente.
2. Las autoridades siguen con sus cuentas alegres sobre los ingresos en el Mundial. Se habló de 5 millones de turistas y la cifra no alcanza ni el millón y medio. Se habló de beneficios para los comercios, pero resultó que por lo menos en el Centro, todo pasó de largo y no hubo manera alguna de que fluyeran.
Las obras viales y de transporte quedaron a deber y algunas de ellas no se terminaron. Como le decíamos hace algunos días, ha llegado el momento de la rendición de cuentas, a las cuales el gobierno no es muy proclive.

La oportunidad

