Tremenda inversión de energía social destinada a la discusión en la plaza pública, redes sociales, plataformas y medios, al debate pseudo ideológico de nuestros días, meses, años y sexenios.
Desde la tercera alternancia en el poder federal tras la Revolución Mexicana, el lopezobradorismo empeñó la vida en una perorata presidencial para justificar la incapacidad con una herencia maldita que, tarde descubrió, había por fin conquistado.
Capitalizó el hartazgo popular de una cultura enquistada de la trampa, la tranza, lo mismo en un examen escolar que en una licitación para proveer al aparato gubernamental de medicinas o combustibles.
Lo que nunca ha asumido a carta cabal la 4T es su papel de gobierno en funciones, de partidazo en el poder con comodísimas mayorías y legitimidad populista que le han abierto ventanas de oportunidad para corregir los rezagos estructurales básicos.
Seguimos estancados en el estatus de país con potencial sí, pero sin lo necesario para convertir eso en una dinámica nacional realmente progresista.
No. La narrativa y su propaganda se aferran a que lo importante es contar su épica. Y en esa odisea llevan la penitencia. No se reforman andamiajes porque desde su activismo electoral esas máximas simplonas estigmatizaron rutas y alternativas.
Somos rehenes de sus panfletos oratorios disque para privilegiar a los de abajo. Al tiempo los condicionan a seguir abajo, pero más cómodos.
En los dichos, si a ellos nos atuviéramos, México hoy es otro. Sin corrupción, sin huachicol, sin influyentismo, sin castas de poder y dinero que se hacen intocables al amparo del poder político.
Con la economía necesaria y suficiente para cambiar el futuro porque ahora, que nadie roba, el dinero alcanza para todo. Con infraestructura nueva, vías férreas, aeropuertos y refinerías que nos mueven hacia donde prometieron. La obra pública ahora sí funciona, no hay saqueos ni fallas producto de impericia política y técnica que nacía de la voracidad por transar o, para cumplir caprichos del poderoso en turno. Ya no.
2026 camina a ser otro año, el séptimo en línea, en el cual la economía nacional, la de abajo, la de en medio y la de arriba donde siempre ha estado, no mejoran.
No crece el ingreso por cada mexicana, mexicano, en edad económicamente activa. Distinto es que se apoye más y mejor. El pastel se reparte mejor, pero el tamaño del pozo es insuficiente y pinta para peor.
Hoy el pronóstico de crecimiento anual del PIB de la SHCP (2.8%) es casi tres veces superior al de bancos y analistas, domésticos o foráneos (1.0%).
La bendita plaza pública virtual embrutece a quienes se deleitan en esos aquelarres, exhibiendo a ínfimos personajes, chairos igual que conservas, a diestros que a zurdos. Infinitas líneas de tiempo donde lo importante pareciera ser desenmascarar a la abogada clasista o al legislador progre que ahora es fifí.
Siete años registrando dichos, desmentidos, aclaraciones, linchamientos y derechos de réplica publicitaria. Cada día, mientras tanto, los hechos se acumulan, aunque las preferencias electorales subsistan. El chiste, se cuenta solo.
El examen
