En la UNAM tienen que resolver bien y pronto el enorme lío por los exámenes de admisión.
Si de por sí los procesos de ingreso a la Universidad son cuestionados, lo que ha pasado con lo que todo indica son trampas que habría hecho más de algún aspirante, lleva a una situación de alto riesgo, pero paradójicamente es un momento de oportunidad.
No hay manera de tener plena certeza a través de un examen sobre las capacidades y perfiles de los estudiantes. Es el instrumento más acabado que permite tomar decisiones respecto al conocimiento de los estudiantes.

• Transparencia tras accidente mortal
Los exámenes presenciales han sido durante mucho tiempo, una práctica que, si bien se puede volver burocrática y engorrosa, termina por ser un instrumento que permite, en la medida de las limitaciones, tener la mayor de las certidumbres para el ingreso a la Universidad.
Por tradición, y por lo que significa y es la universidad, es la primera opción para miles de estudiantes. Pertenecer a la UNAM es un orgullo individual y familiar, es un elemento aspiracional.
Algo pasó en la aplicación del reciente examen de ingreso que rápidamente fue detectado. No adquiere lógica que en la prueba varios estudiantes hayan obtenido el total de aciertos, como tampoco adquiere lógica que muchos otros hayan obtenido 10 de 120.
No hay ningún indicador como para hablar de que la formación escolar en la preparatoria hubiera tenido un cambio significativo que permitiera una formación escolar distinta de la que se ha venido padeciendo a lo largo los años recientes.
Uno de los principales problemas del proceso de enseñanza-aprendizaje se ubica precisamente en la educación media superior. La propia UNAM tiene problemas serios con los estudiantes que proceden de sus prepas o de los CCH. En los primeros años de carrera se tiene que llevar a cabo una recapitulación de muchos temas que tendrían que haber sido parte de la formación preparatoriana.
Todo apunta a que no va a haber de otra que repetir el examen y seguramente se tendrá que hacer presencial. Insistimos, los exámenes de admisión inevitablemente son imperfectos, porque se cruzan muchas variables bajo las cuales se desarrollan, lo cual puede ser un factor que no ofrezca plena claridad sobre la formación que tienen los estudiantes.
Sin embargo, es el elemento más acabado que tenemos. Es siempre cuestionable el papel de los exámenes, pero son parte del proceso formativo escolar, es una manera de saber qué saben y qué no saben.
Cuando se trata de un examen de admisión, las cosas son distintas, porque se cruzan muchas variables en el proceso que pueden llevar a los estudiantes a no responder en la medida de sus conocimientos, o a buscar la manera de entrar a la UNAM sin importarles cómo.
Muy probablemente esto es lo que pasó con los exámenes de admisión. Los estudiantes, y quizás en sus entornos, optaron por mecanismos externos, para resolverlo.
La comisión que ha organizado el rector para la revisión de los exámenes tendría que ir más allá de detectar dónde estuvo la trampa. Estamos, paradójicamente, ante la oportunidad de rediseñar estos instrumentos. Son muchas las variables que intervienen y son muchas las presiones que los propios estudiantes viven para tratar de ingresar a la Universidad.
Estamos ante un problema que recorre varias universidades. En India se presentó una gran revuelta de estudiantes que fueron rechazados a la carrera de medicina. La protesta ha obligado a que el gobierno le pida su renuncia al titular de Educación y que se tomen medidas trascendentes sobre los exámenes.
Lo indicado es volver a hacer el examen y buscar alternativas evaluativas, para que las y los mejores tengan el derecho a entrar a la UNAM; en medio de la trampa puede aparecer la oportunidad.
RESQUICIOS.
Podrán aparecer muchos audios de la gobernadora de BC, pero no va a pasar nada. Independientemente de que la hayan “chamaqueado”, está visto que está dispuesta a hablar con tal de salvar su pellejo.

Dichos o hechos

