BAJO SOSPECHA

La UNAM, en crisis

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfrenta una de las mayores crisis de credibilidad de los últimos años. La polémica por el presunto uso de la Inteligencia Artificial para hacer trampa en el examen de admisión no sólo ha puesto en duda el proceso mediante el cual miles de jóvenes buscan ingresar a la máxima casa de estudios, sino que también ha abierto un debate sobre el futuro de los mecanismos de evaluación en una época en la que la tecnología avanza mucho más rápido que los sistemas de control.

Durante más de cuatro siglos, la Universidad Nacional ha construido un prestigio basado en el conocimiento, el mérito y la excelencia académica. Desde su fundación ha formado a generaciones de médicos, ingenieros, abogados, científicos, investigadores y profesionistas que han contribuido al desarrollo de México.

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Aspirantes  incrementan presión a rectoría por evaluación justa, el 28 de julio.
Aspirantes incrementan presión a rectoría por evaluación justa, el 28 de julio. ı Foto: Yulia Bonilla

Para cientos de miles de jóvenes aspirantes, obtener un lugar en la UNAM representa mucho más que ingresar a una universidad: significa la posibilidad de acceder a una educación de calidad, mejorar sus condiciones de vida y abrir oportunidades que, probablemente de otra manera, serían inalcanzables.

Estudiar en la Universidad Nacional ha representado históricamente una verdadera movilidad social. Muchos aspirantes dedican uno o incluso dos años a prepararse para presentar el examen de admisión. Por eso ha resultado tan frustrante descubrir que algunas personas, presuntamente, obtuvieron un lugar haciendo trampa.

Pero la situación es todavía más compleja. Miles de jóvenes que sí aprobaron el examen gracias a su esfuerzo y preparación hoy, probablemente, tendrán que repetirlo. Otros que estudiaron durante meses y tenían el mérito suficiente para ingresar, quedaron fuera porque los puntajes de admisión se elevaron artificialmente debido al fraude.

Cualquier irregularidad en el proceso de admisión afecta mucho más que un examen. Pone en entredicho la confianza en una institución que, durante décadas, ha sostenido que el ingreso depende exclusivamente del esfuerzo, la preparación y el mérito académico.

La aparición de herramientas de Inteligencia Artificial capaces de resolver exámenes plantea un desafío sin precedentes para las instituciones educativas. Si estas tecnologías son utilizadas para obtener ventajas indebidas, quienes realmente obtuvieron el puntaje necesario podrían perder un lugar que legítimamente les correspondía.

Este escándalo estalla, además, en un momento particularmente delicado para la Universidad Nacional Autónoma de México. En los últimos años, la relación entre la UNAM y el Gobierno federal ha estado marcada por constantes tensiones, diferencias públicas y un debate permanente sobre la autonomía universitaria.

Desde el poder se ha cuestionado con frecuencia a la institución, mientras que diversos sectores de la comunidad universitaria han advertido sobre intentos de influir en una universidad que, por mandato constitucional, debe gobernarse a sí misma.

También existe una estrategia gubernamental para fortalecer nuevas instituciones de educación superior impulsadas por Morena. Sin embargo, ninguna de ellas cuenta con la oferta académica, la infraestructura, la capacidad de investigación ni el prestigio internacional que ha construido la UNAM durante más de cuatro siglos.

A ello se suma el tema presupuestal. Para 2026, la UNAM ejercerá 59 mil 878 millones de pesos, de los cuales casi el 90 por ciento proviene del subsidio federal. Sin embargo, en términos reales, el presupuesto representa una disminución de 1.6 por ciento respecto al ejercicio anterior, equivalente a cerca de 995 millones de pesos al considerar la inflación.

En ese contexto, el presunto fraude en el examen de admisión coloca a la UNAM en una posición especialmente vulnerable. La investigación deberá esclarecer quiénes fueron los responsables y si existieron fallas en la plataforma tecnológica o en los mecanismos de supervisión. Pero, al mismo tiempo, el caso abre la puerta para que, desde distintos ámbitos políticos, se cuestione a una institución que durante más de cuatro siglos ha sido referente de la educación superior en México.

También hay que reconocer que la UNAM ha sido históricamente un espacio de pensamiento libre, de debate y de pluralidad. Precisamente por ello, muchas veces es vista desde el poder como un contrapeso. Sin duda, esta crisis provocada por el presunto fraude en el examen de admisión ofrece argumentos a quienes, desde hace tiempo, cuestionan a la Universidad.

Es cierto, lo ocurrido con el examen representa un desastre institucional. Pero la solución no puede ser debilitar a la UNAM, sino esclarecer plenamente lo sucedido, sancionar a todos los responsables y corregir las fallas para recuperar la confianza en el proceso de admisión.

Ante la controversia, la UNAM anunció la integración de una Comisión Técnica Independiente que será la encargada de revisar a fondo todo el proceso. Este grupo está conformado por especialistas en tecnología, ciberseguridad, evaluación educativa, Inteligencia Artificial, estadística y derecho, tanto de la propia UNAM como de otras instituciones académicas.

Su tarea será analizar la aplicación del examen, revisar las evidencias técnicas, determinar si existieron vulneraciones al sistema, evaluar el alcance de las irregularidades y emitir recomendaciones al rector sobre las medidas que deberán adoptarse.

La Comisión no sustituye a las autoridades universitarias, pero sus conclusiones serán fundamentales para que la UNAM decida si los resultados pueden mantenerse, si deben anularse determinados exámenes o si es necesario adoptar otras medidas para garantizar la legalidad, la equidad y el mérito académico del proceso de admisión.

La Universidad informó que cualquier decisión se tomará con base en la evidencia técnica y será dada a conocer una vez que concluya el trabajo de este grupo de especialistas.

Por ahora, una de las alternativas que más fuerza ha cobrado es la posibilidad de repetir el examen de admisión de manera presencial, aunque esa decisión aún no ha sido tomada por la UNAM.

De concretarse, implicaría un costo económico muy elevado para una institución que ya enfrenta restricciones presupuestales. Sin embargo, recuperar la confianza en el proceso de selección y preservar el prestigio de la máxima casa de estudios del país, probablemente sea mucho más importante que el costo financiero que ello represente. Y, sobre todo, hacer justicia, los que hicieron trampa y con ello afectaron a miles de aspirantes, no merecen estudiar en la UNAM.

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