BRÚJULA ECONÓMICA

Los nuevos ganadores de la guerra comercial

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Estamos frente a una histórica reorganización del comercio manufacturero de Estados Unidos desde el inicio de la guerra comercial con China en 2018. Ocho años después, el objetivo de reducir la dependencia manufacturera del exterior no se ha cumplido. Lo que sí cambió fue la geografía de los proveedores y la naturaleza de la competencia internacional.

Los aranceles impulsados por la administración de Donald Trump modificaron de manera importante la estructura de las importaciones estadounidenses, pero no redujeron el déficit manufacturero. Entre enero y mayo de 2018 y el mismo periodo de 2026, el déficit pasó de 294 mil millones de dólares (mmdd) a 420 mmdd, impulsado principalmente por las manufacturas de mayor contenido tecnológico. Más que un proceso de relocalización industrial hacia Estados Unidos, la evidencia muestra una redistribución de la producción entre nuevos países exportadores.

La principal transformación ocurrió en la participación de mercado. China, que en 2018 dominaba ampliamente las manufacturas importadas por Estados Unidos, perdió 15.3 puntos porcentuales hasta reducir su participación a 7.7% en 2026. Sin embargo, ese espacio no fue recuperado por la industria estadounidense. Fue ocupado por un nuevo grupo de economías altamente competitivas. Taiwán aumentó su participación en 7.3 puntos porcentuales; Vietnam ganó 5.7 puntos y México avanzó 4.1 puntos, consolidándose como el principal proveedor individual de manufacturas del mercado estadounidense con una participación de 18.0%, muy por encima de Canadá (8.1%) y de la propia China (7.7%).

Hoy Estados Unidos enfrenta una estructura mucho más diversificada de proveedores, donde cada economía ha desarrollado ventajas en segmentos específicos de las cadenas globales de valor. Taiwán se consolidó como el principal abastecedor de computadoras y componentes electrónicos; Vietnam se especializó en aparatos telefónicos y electrónica de consumo; Corea del Sur fortaleció su presencia en manufacturas tecnológicas, mientras que Tailandia amplió su participación en diversos productos electrónicos. La competencia se concentra en un ecosistema asiático cada vez más especializado.

La evolución sectorial confirma esta transformación. El mayor incremento del déficit comercial estadounidense se produjo precisamente en las industrias de mayor contenido tecnológico. El déficit en computadoras electrónicas se quintuplicó al pasar de 36 mmdd millones en 2018 a 180 mmdd en 2026, con Taiwán como principal proveedor. En aparatos telefónicos, Vietnam y Tailandia desplazaron a otros competidores y concentraron una parte creciente del mercado estadounidense. En contraste, México a pesar de los aranceles consolidó un liderazgo difícilmente replicable en la industria automotriz: controla cerca de la mitad del mercado de importación estadounidense de autopartes, mantiene el liderazgo en automóviles ligeros y desplazó a China como principal proveedor de equipos de audio y video. Estos resultados reflejan una especialización productiva distinta entre Norteamérica y Asia.

La posición alcanzada por México representa una victoria estratégica construida bajo el TLCAN y posteriormente el T-MEC. Ningún otro país participa con la misma profundidad en las cadenas manufactureras de Norteamérica. Sin embargo, los datos también muestran el principal desafío hacia adelante. Mientras Asia concentra su expansión en industrias intensivas en tecnología, México continúa especializándose en manufacturas donde ya posee ventajas consolidadas, particularmente la industria automotriz y el equipo de transporte. En el segmento de computadoras, por ejemplo, Taiwán ya supera ampliamente la participación mexicana y continúa ampliando esa diferencia.

Ésta es, probablemente, la principal lección que deja la transformación del comercio estadounidense entre 2018 y 2026. La revisión del T-MEC no responde únicamente a la necesidad de preservar un acuerdo comercial, sino a la competencia por el liderazgo manufacturero de Norteamérica frente a un ecosistema asiático cada vez más sofisticado.

Para México, conservar la posición alcanzada exigirá algo más que acceso preferencial al mercado estadounidense. Requerirá fortalecer la innovación, elevar la productividad, desarrollar proveedores nacionales y aumentar el contenido tecnológico de sus exportaciones. La siguiente etapa de la integración económica ya no se decidirá por quién produce más, sino por quién es capaz de generar mayor valor agregado.

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