En los últimos meses, los ataques terroristas, los pogromos modernos y el acoso diario de colonos judíos en Cisjordania contra palestinos han acaparado los titulares internacionales. La violencia es inédita. Esta semana pude verlo con mis propios ojos.
Salí en una visita con organizaciones de la sociedad civil a comunidades palestinas en el área C de Cisjordania, donde el ejército israelí mantiene el control total del territorio de acuerdo a los Acuerdos de Oslo de 1993. Estas comunidades beduinas han habitado estos pequeños poblados por décadas y, desde hace ya varios años, colonos israelíes las acosan de distintas maneras para presionarlas a abandonar estas tierras. Sin embargo, tras la llegada del nuevo gobierno de ultraderecha en 2023, en donde colonos extremistas tienen ahora el control del comando militar del área, del ministerio de finanzas y de la policía, las reglas del juego han cambiado. Pero primero déjenme contarles lo que vi.
Cruzamos la barrera de separación entre Israel y Cisjordania sin ningún problema. Para los carros con placas israelíes no hay largas colas ni revisiones; los colonos, con el apoyo de los gobiernos de Netanyahu, se han encargado de hacer la transición lo más imperceptible posible. No obstante, la diferencia, a mi vista, fue inmediata. En las paredes decenas de grafitis de toque fascista. En medio del desierto, llegamos a una comunidad de unas 50 personas. No pasaron unos minutos para que llegara un adolescente, tal vez un niño, montado en un burro, con un rebaño grande de ovejas y con la cara cubierta por completo, excepto los ojos, con una tela negra. Comenzó rápidamente a acercarse a las casas, sus animales comiendo la vegetación, amenazante. Esto sucede todos los días, de día y de noche. El objetivo siniestro de los colonos es aterrorizar a las familias, tratar de forzarlas a responder con cualquier tipo de violencia para tener un pretexto para llamar a la policía o al ejército. A veces esto escala: robos, violencia, y a veces hasta pogromos modernos. Los colonos han desplazado ya a más de 3,000 palestinos de sus hogares.

• Lo que usted mande, Infantino
Este no es un plan inocente, sino uno de los pasos del programa del ministro de finanzas del país para expulsar a la población palestina. Primero, desplazar a todos los habitantes del área C hacia el área A, las grandes ciudades y pueblos donde vive el 90 por ciento de los palestinos. Tomar, poco a poco, más territorio.
El cambio más profundo ocurrió días después del 7 de octubre, cuando al amparo del caos y el dolor del país, mientras nadie miraba, grupos de colonos reservistas formaron unidades dentro del ejército, sustituyendo a las fuerzas regulares, y llenaron la zona de unidades de protección vecinal armadas. Ahora, cuando hay violencia y los palestinos o sus aliados israelíes llaman al ejército, muchas veces son los amigos de los colonos quienes reciben la orden. Al amparo del Estado, la violencia se ha vuelto insoportable, con decenas de palestinos muertos, así como israelíes y soldados. Una razón más por la que las elecciones de octubre son, sin lugar a dudas, las más críticas en la historia del país.

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