LA VIDA DE LAS EMOCIONES

¿Trabajar desde casa nos hace sentir más solos?

Valeria Villa<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Durante años, el trabajo remoto se percibió como una conquista. Por fin se terminaban los traslados interminables y aparecía la posibilidad de organizar mejor el tiempo. Se hacía realidad la promesa de una vida laboral más amable.

Sin embargo, conforme el teletrabajo dejó de ser una medida excepcional y se convirtió en una forma habitual de trabajar, se hicieron visibles nuevos problemas emocionales.

Un estudio publicado en junio en la revista Science, realizado por tres investigadoras del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Universidad de Virginia y la Universidad de Harvard, respectivamente (https://www.science.org/doi/10.1126/science.aec76719), después de analizar información de más de 568 mil personas durante casi quince años, concluye que el trabajo remoto explica casi una tercera parte del aumento del malestar psicológico observado en ese periodo. Quienes trabajan a distancia pasan en promedio 58 horas más al mes en soledad y recurren con mayor frecuencia a servicios de salud mental y a medicamentos para tratar ansiedad y depresión.

Las investigadoras compararon profesiones compatibles con el trabajo remoto, como ingeniería de software o mercadotecnia, con otras que requieren presencia física, como enfermería o ingeniería mecánica. El resultado fue que la disminución del contacto cotidiano con otras personas tiene efectos que no son evidentes al principio, pero se acumulan conforme pasan los años.

La soledad no sólo consiste en estar físicamente solo, sino también en perder esos encuentros breves como saludar a un compañero, compartir un café o comentar algo antes de entrar a una reunión. Estos intercambios simples ayudan a regular nuestras emociones y son recordatorios de que somos parte de una comunidad. Aislarse aumenta la ansiedad, el agotamiento emocional, los problemas para dormir y puede causar depresión.

Claro que el teletrabajo también ofrece beneficios reales como la flexibilidad de horarios, la eliminación de los traslados diarios y un mayor equilibrio entre la vida personal y laboral, pero no deben ignorarse sus riesgos potenciales para la salud mental. Mientras menos contacto social, menos ganas de salir del aislamiento.

En la oficina existen límites concretos. Alguien se despide, las luces se apagan, llega la hora de volver a casa. En cambio, cuando se fusionan el espacio laboral y el doméstico los bordes se vuelven difusos y la jornada puede extenderse indefinidamente, aumentando la sensación de que siempre hay algo pendiente de terminar.

Con las videollamadas, hemos pasado más horas que nunca viéndonos. La ventanita que refleja nuestro rostro nos convierte al mismo tiempo en interlocutores y espectadores de nosotros mismos. Sin darnos cuenta, vigilamos nuestros gestos, corregimos la postura, evaluamos nuestra expresión y cuidamos la imagen que proyectamos. Este esfuerzo implica un enorme gasto de energía psíquica y también se ha relacionado con un aumento en la insatisfacción con nuestra apariencia.

Parte de la riqueza de la comunicación, como los silencios, la respiración, los movimientos y la mirada, se pierde o se distorsiona en la pantalla. Si además la conexión tiene fallas o retrasos, se genera una sensación de desconexión.

En la psicoterapia virtual la concentración de ambas partes debe ser total, evitando todos los distractores para no perder esta riqueza del todo. El discurso se vuelve más relevante que nunca. Qué y cómo decimos lo que decimos.

Se puede estar conectado virtualmente todo el día y sentirse muy solo. La tecnología ha facilitado el trabajo, las citas médicas, la terapia, la educación, pero es definitivamente insuficiente para sostener un vínculo humano.

Es importante reconocer los costos del aislamiento y recuperar algunos espacios de convivencia presencial, establecer horarios y límites claros para trabajar, para salir de casa, para cultivar relaciones fuera de la pantalla. En buena medida, el sentimiento de bienestar existencial está muy relacionado con encontrarnos con los demás.

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