BRÚJULA ECONÓMICA

La recuperación productiva, aunque moderada, gana terreno

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Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

La economía mexicana mostró una recuperación durante el segundo trimestre de 2026, después de la debilidad observada al inicio del año. El PIB creció 1.5% respecto al trimestre previo y 2.1% a tasa anual, con lo que acumuló un avance de 1.2% durante el primer semestre. Más allá del resultado agregado, los indicadores disponibles permiten identificar los factores que están impulsando la producción y valorar qué tan amplia y sostenible puede ser esta recuperación.

Desde la perspectiva de la oferta, la actividad productiva retomó una trayectoria favorable. La producción industrial mostró una recuperación durante el trimestre, apoyada principalmente por la construcción y las manufacturas, mientras los servicios mantuvieron la resiliencia que han mostrado a lo largo del año. El IGAE, aunque registró una moderación en mayo, acumuló durante los primeros cinco meses un crecimiento positivo y confirmó que los servicios continúan siendo un soporte importante de la actividad económica.

Para entender este comportamiento de la producción es necesario observar la evolución de la demanda agregada. El principal impulso durante el trimestre provino del sector externo. En junio, las exportaciones mostraron un crecimiento extraordinario, impulsadas por las manufacturas y, particularmente, por las exportaciones no automotrices. Este desempeño confirma que el sector exportador constituye actualmente el principal motor de la recuperación y ayuda a explicar el repunte observado en buena parte de la actividad industrial.

Sin embargo, la recuperación no parece depender exclusivamente de las exportaciones. Los indicadores de demanda interna comienzan también a mostrar señales favorables. El consumo mantiene una trayectoria positiva y, aunque su crecimiento todavía es moderado, acumula varios meses de avances. La resiliencia del mercado laboral, el aumento de los salarios reales y otros factores han contribuido a sostener el gasto de los hogares. Esta evolución es relevante porque permite pensar en una recuperación de la actividad más amplia que la explicada únicamente por el sector externo.

La inversión también empieza a ofrecer señales de recuperación. Después de la debilidad observada al inicio del año, su comportamiento reciente muestra una trayectoria más favorable, apoyada tanto por la construcción como por la adquisición de maquinaria y equipo. Todavía es prematuro hablar de una recuperación plenamente consolidada, pero las señales recientes son consistentes con una gradual reactivación de la formación de capital.

En conjunto, los datos muestran que la economía dejó atrás la debilidad del primer trimestre y recuperó dinamismo durante el segundo. La característica más relevante es que, aunque las exportaciones aportan el mayor impulso, el consumo y la inversión comienzan a acompañar esta recuperación. En otras palabras, la producción está respondiendo a una demanda agregada que se fortalece gradualmente, aunque de manera desigual.

Para el conjunto de 2026, estimaciones propias apuntan a un crecimiento de 1.4%, consistente con una ligera aceleración de la actividad durante la segunda mitad del año. El reto será que el impulso externo se complemente con una recuperación más consistente de la demanda interna. Si el consumo mantiene su resiliencia y la inversión consolida las señales recientes, la economía podría avanzar hacia un crecimiento más equilibrado.

Más que un repunte extraordinario, los datos apuntan a una recuperación gradual de la economía mexicana, en la que el sector externo lleva la iniciativa, pero comienza a encontrar un acompañamiento más claro en la demanda interna. La fortaleza de este proceso dependerá de que esa combinación se consolide durante los próximos meses.

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