ANTROPOCENO

Los admiradores de Bukele

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Todos hemos encontrado algún admirador del presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Un taxista, un excompañero de la prepa, un pariente que elogia sus políticas de mano dura. Pero la mayoría de sus fans se guían por poco: algún mensaje viral del salvadoreño en redes sociales o fotos de su mega cárcel con los pandilleros sometidos.

¿Quién es Bukele? Lo llevó al poder la izquierda, concretamente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En su momento, escribió tuits que luego borró con admiración al Che Guevara y a la Nicaragua de Daniel Ortega. Luego adoptó una agenda ultraderechista: una de las leyes antiaborto más estrictas del mundo y el encarcelamiento de decenas de miles de personas sin que conozcamos las pruebas. Estableció el Bitcoin como moneda de curso legal, antes de que el Fondo Monetario Internacional lo obligara a recular a cambio de un préstamo.

Es comprensible que los salvadoreños, que sufrían la violencia extrema de las pandillas y que hoy disfrutan de nuevo de pasear por las calles, no tuviesen los pruritos de los profesores de derecho constitucional y reeligieran a Bukele. El problema es que ganaron la libertad de jugar futbol en el parque mientras perdieron la de criticar al gobierno en una pupusería (fondita) o escribiendo en la prensa. En El Salvador pueden ser espías desde policías hasta burócratas y, si dos de cada cien salvadoreños está encarcelado, ¿quién notaría que hay un inocente más en prisión? Hoy existen decenas de periodistas salvadoreños en el exilio y la defensora de derechos humanos, Ruth López, es presa de conciencia. ¿Realmente te gustaría vivir en un país así, querido lector?

Lo curioso es que la derecha mexicana que admira tanto a Bukele es la misma que se queja de medidas gubernamentales mucho menos autoritarias que las suyas. Por ejemplo: que la intervención judicial frente al congelamiento de cuentas no sea previa o que exista prisión preventiva oficiosa. Con todo y la reforma judicial, los juicios en México no son secretos, ni las personas son encarceladas por un mero tatuaje o por ponerse nerviosas ante la policía.

Los expertos en política comparada dicen haber “descubierto” que, supuestamente, todos los populistas se parecen, sean de izquierda o de derecha. Ignoran una obviedad: no fueron primero los políticos sino su contexto lo que cambió. Dado que las nuevas tecnologías han transformado la comunicación política ¿realmente debemos meter en el mismo saco a todos los presidentes que son hábiles en las redes sociales? No, siempre han existido genios y torpes de la retórica política. O bien, de unos años para acá, algunas organizaciones criminales poseen drones y pueden lanzar bombas ¿llamamos “populistas militarizadores” a gobernantes que buscan combatir a esos grupos con poder de fuego proporcional y no sólo con policías civiles? Me resisto a tal miopía e ingenuidad.

En realidad, siguen existiendo diferencias de fondo entre presidentes democráticos y dictadores, aunque ambos coincidan en comunicar a través de redes sociales, medios alternativos y combatan al crimen organizado de manera decidida. Bukele no es de los primeros.

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