VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

El Medio Oriente: atorado

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

A ya casi tres años del 7 de octubre, el Medio Oriente sigue en guerra. Como en la guerra de Ucrania, la región vive un impasse: algunos conflictos siguen abiertos y otros, aunque supuestamente en tregua, no parece que vayan a resolverse en el corto plazo.

Sin embargo, a diferencia de la guerra en Ucrania, en donde ninguna de las partes ha podido vencer a la otra, en el Medio Oriente se trata en gran medida de la falta de voluntad política del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, para convertir victorias militares en acuerdos de paz.

El más fácil de estos debería ser un acuerdo de paz con Siria. La caída de Assad, aliado de Irán y de Hezbolá, produjo casi de sorpresa una oportunidad inesperada para Israel: concretar la paz con Siria, enemigo jurado por décadas, estabilizar uno de sus frentes y poner un bloque físico de cientos de kilómetros entre Irán y Hezbolá. El proceso de negociación sigue en marcha, pero Netanyahu no ha puesto el capital político necesario para convencer al pueblo israelí y a su gobierno de firmar. Deja que el río corra, sin tratar de construir una balsa.

Lo mismo sucede en Líbano. Después de una victoria contundente contra Hezbolá, y con el gobierno libanés sediento de terminar con las capacidades de esta fuerza paramilitar sectaria, Israel debería buscar concretar la paz en Líbano. Es cierto que el gobierno y el ejército libanés han dejado mucho que desear en su misión de suplir a Hezbolá en el sur del país. Sin embargo, para formar una coalición internacional y dar legitimidad a este acto, Netanyahu debería liderar el proceso político. Sí, un acuerdo se ha firmado, pero quien lo firmó no fue Bibi, sino su embajador en Washington; el simbolismo lo dice todo.

En Gaza, lo mismo. Netanyahu terminó aceptando a regañadientes el cese al fuego y el plan de paz de 20 puntos del presidente Donald Trump. Sin embargo, por miedo a perder el apoyo de la derecha, Netanyahu no ha hecho mucho por avanzarlo. Washington ha seguido forzando a Israel a tomar nuevos pasos, el último de ellos: dejar entrar a fuerzas internacionales a Gaza y dejar de atacar blancos de Hamas esporádicamente. De nuevo, el interés de Israel debería ser la desaparición de Hamas en Gaza, y no hay ninguna manera de que esto suceda a menos de que fuerzas de la Autoridad Palestina sustituyan a Hamas en el gobierno de Gaza. Sin un esfuerzo considerable de Israel, esto no ocurrirá, garantizando la permanencia del grupo terrorista Hamas en el poder.

En Irán, peor aún la cosa. Solo que aquí Netanyahu ha perdido por completo su independencia para actuar. En lugar de consolidar su disuasión después de la guerra de los 12 días, Trump y Netanyahu comenzaron una aventura que concluyó en una crisis internacional que no tiene fin a la vista.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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