La ministra Lenia Batres Guadarrama enfrenta un problema que comienza a repetirse en el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: sus colegas disienten tanto de sus propuestas jurídicas, como de la forma en que intenta sostenerlas.
Esta realidad se puso en evidencia en la discusión de este jueves en la contradicción de criterios 26/2026, relacionada con la forma en que debe notificarse a las autoridades responsables cuando la sentencia de amparo se dicta el mismo día de la audiencia constitucional. El proyecto concluía que la notificación debía realizarse por oficio; sin embargo, ése nunca fue el verdadero debate.
Lo que ocupó la mayor parte de la sesión fue la metodología de la propuesta. La ministra construyó su proyecto sobre la idea de que las autoridades responsables ocupan una “posición distinta” a la de los particulares y que, por ello, no puede exigírseles mantenerse pendientes del expediente para conocer si la sentencia fue emitida el mismo día de la audiencia. Esta premisa rompía con la igualdad procesal de las partes dentro del juicio y la ministra nunca logró explicar por qué lo hizo así.

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El pleno no compró su argumento. Las ministras y ministros cuestionaron que el proyecto introdujera un trato diferenciado para las autoridades sin una justificación suficiente, y advirtieron que la Ley de Amparo ya establece un régimen específico de notificaciones, por lo que no era necesario construir una excepción sustentada en razones de “apoyo al Gobierno”.
El resultado fue que el debate dejó de girar en torno a la forma de notificar una sentencia y pasó a convertirse en una discusión sobre el rigor metodológico con el que los 95 asesores de la ministra Lenia y ella misma, construyeron su propuesta de resolución.
Pero el episodio también dejó al descubierto un problema de formas. Conforme avanzaban las intervenciones de sus colegas y las críticas a la construcción jurídica de su proyecto, la ministra optó por responder más desde el terreno personal que desde el jurídico. En lugar de hacerse cargo de las objeciones que se le formularon, atribuyó los cuestionamientos a una supuesta animadversión en su contra y sostuvo que existía una intención de descalificarla.
Con ello, la discusión dejó de centrarse únicamente en el contenido de su proyecto y pasó también a reflejar una forma de enfrentar el debate que contrastó con la dinámica del resto del pleno.
Más allá del sentido final del asunto, Lenia Batres volvió a quedarse sola defendiendo una metodología que no logró convencer a sus colegas y dejó la impresión de que, frente a un debate técnico, la ministra prefirió trasladar la discusión al terreno personal. Y ésa, para una integrante del máximo tribunal del país, es una derrota mucho más difícil de revertir que la modificación de un proyecto de sentencia, más aún ante sus ansias por convertirse en la próxima presidenta de la Suprema Corte.

¿Para qué?
