POLITICAL TRIAGE

Acciones locales, repercusiones globales

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Hace tres meses que la República Democrática del Congo declaró que sufre de un brote de ébola. La tasa de letalidad del virus es de casi 50 por ciento de los infectados y en este tiempo han muerto más de dos mil 700 personas. El brote se extiende con mayor rapidez que cualquier otro y las alertas de la OMS se han disparado.

La triste realidad es que no hay recursos ni interés en afrontar esta crisis. Los sistemas de salud locales no se dan abasto y la ayuda internacional llega a cuentagotas. No existe una vacuna actualizada para esta variante del virus y los científicos a cargo de desarrollarla no cuentan con apoyos económicos suficientes para el proceso. Del mismo modo, tampoco hay recursos para las instalaciones de servicios de limpieza y agua, lo que no ayuda a prevenir nuevos contagios.

Hemos retrocedido en el tiempo. Brotes anteriores fueron controlados con mayor eficacia porque la estructura de ayuda humanitaria era más robusta y contaba con una logística fuerte que hacía rendir esa inversión salvando vidas y evitando la propagación de las enfermedades. Sin embargo, el cierre de la agencia de cooperación estadounidense (USAID) y la desbandada de países donantes que siguieron el ejemplo norteamericano han provocado un recorte abrupto de casi el 80 por ciento del presupuesto para este tipo de emergencias sanitarias. Simplemente, no hay dinero ni personal para atajar la problemática.

Esta decisión local en Estados Unidos de privilegiar el desarrollo de tecnología y afianzar el tema de la seguridad nacional interna (migración) y externa, ha costado vidas. Luego vino la presión para que los gobiernos europeos hicieran lo propio y el resultado, según estima la revista The Lancet, serán 22 millones de muertes más de aquí al 2030.

La tragedia en el Congo es apenas la muestra de la crueldad de nuestros tiempos. Son personas que hemos decidido abandonar a su suerte. Este cálculo perverso que deja morir mientras se privilegia políticas que dividen y menosprecian a pueblos enteros, muestra la crisis moral en la que vivimos actualmente.

Si bien la pandemia del Covid nos enseñó que abandonar la prevención y la falta de cooperación global puede terminar en una tragedia sin precedentes en el mundo entero, una preocupación utilitarista o pragmática no basta cuando hablamos de seres humanos que sufren. Sí, sería sensato fondear a las organizaciones para prevenir otra pandemia, pero el ayudar al necesitado también ha de hacerse simplemente porque es bueno y justo.

Aún habiendo razones para pensar que conviene a occidente reinvertir en la salud global, hoy los intereses políticos están dirigidos a deshumanizar para polarizar y obtener réditos electorales a corto plazo. Una mala decisión por donde se mire.

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