Pues resulta que a más de uno se le acaba de complicar la carrera política y seguramente desde ayer habrá quienes estén revisando con mucho cariño ese pasaporte extranjero que durante años presumieron como una ventaja, pero que ahora puede convertirse en el pequeño detalle que los deje viendo la gubernatura desde su casa.
La Presidenta Claudia Sheinbaum envió una iniciativa para que, quien quiera ser presidente de México, gobernador de algún estado o jefe de Gobierno de la Ciudad de México, tenga solamente la nacionalidad mexicana. O, dicho de otra manera: si tienes dos nacionalidades y quieres gobernar, vas a tener que escoger. Tampoco es que te estén pidiendo donar un riñón, ¿o casi?
Aquí es donde el asunto se pone bueno, porque en México seguramente hay más de un aspirante que lleva años levantándose todos los días pensando en la gubernatura, tomándose fotografías, saludando a señoras, cargando niños, comiendo tacos en las esquinas y dándose baños de pueblo. Pues ahora esas ganas de servir van a tener que pasar por una prueba bastante sencilla: renunciar a su otra nacionalidad. Ahí vamos a saber qué tan fuerte era la vocación y qué tan profundo llegaba ese amor por la tierra que tanto dicen querer gobernar.

“Rocha sigue teniendo el control sin estar formalmente en la gubernatura”
La iniciativa no apareció de la nada. La Presidenta expuso el caso de Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, mexicano y estadounidense, que vive actualmente en Estados Unidos y cuya extradición ha sido solicitada por México. Y precisamente ahí está el problema que se quiere evitar: que alguien pueda gobernar un estado, terminar enfrentando acusaciones en México y después instalarse tranquilamente del otro lado de la frontera utilizando su segunda nacionalidad como parte de su defensa. Una cosa es tener doble nacionalidad para vivir, trabajar, estudiar o cruzar el puente cada fin de semana, y otra muy distinta es gobernar un estado teniendo lista una segunda ciudadanía por si algún día haces fechorías y te pelas pal’ otro lado.
Lo divertido es empezar a contar cuántos aspirantes a gobernador existen hoy en los estados que tienen doble nacionalidad y que hasta esta semana seguramente ni siquiera habían pensado que tendrían que escoger. Una cosa es querer ser gobernador y decir que uno siempre soñó con servir a su tierra, y otra muy diferente cuando te dicen que para aparecer en la boleta tienes que entregar aquello que te permite decir también que eres ciudadano de otro país. Ahí puede que a más de uno se le baje de golpe el entusiasmo por servir al pueblo.
Tampoco significa que automáticamente se quedaron fuera. La propuesta les permitiría participar si renuncian previamente a la otra nacionalidad, y por eso la discusión va a estar buenísima, porque ahora podremos distinguir entre quienes realmente quieren servir y quienes quieren gobernar sin cerrar la puerta de emergencia. El que quiera la Presidencia, la gubernatura o la Jefatura de Gobierno tendrá que ser mexicano y punto. Ya después veremos cuántas vocaciones sobreviven cuando llegue el momento de escoger entre la candidatura y el pasaporte adicional.
La última…
Por lo menos en Tamaulipas, a cuatro aspirantes, dos hombres y dos mujeres, les cayó mal el desayuno que disfrutaban mientras escuchaban tremenda noticia. ¿Cuántos en Coahuila, Sonora, etcétera?
…y nos vamos.

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