Cifras, cifras y más cifras; en eso consistió el Segundo Informe de Gobierno —o el octavo, según la métrica— de la mandataria Claudia Sheinbaum. Con todo, llama la atención lo que se dijo nomás por encimita, lo que de plano no se mencionó y lo que —por mucho— fue el principal mensaje de su exposición.
En este ejercicio protocolario, la Presidenta resaltó la reducción de homicidios dolosos, el aumento del salario mínimo, la estabilidad de nuestra moneda y los programas sociales.
Poco se dijo sobre la falta de inversión y el estancamiento de la economía —o al menos no desde esa perspectiva—, más allá del pírrico crecimiento del PIB del 1.4% durante el último trimestre, o de 1.9% respecto al mismo periodo del año pasado.

• Durazo... ¿oye pasos?
La Presidenta, y quienes la proveyeron de datos, no consideraron pertinente hacer mención alguna respecto al impacto o efectos en estos dos años de gestión del T-MEC, aranceles, política migratoria, combate al narcotráfico ni, en general, sobre la complejísima relación con Estados Unidos.
Tal parece que se trata de un tema sobre el cual no hay nada que reportar o, al menos, no de la suficiente relevancia, a pesar del ríspido vínculo con nuestro principal y más relevante socio comercial desde que inició el segundo mandato de su homólogo estadounidense, y que tantas horas de trabajo y malos ratos le ha significado a la actual administración.
Lastimosamente, la vastedad de cifras tampoco alcanzó a incluir datos sobre efectos de la regresiva reforma judicial, escasez de medicamentos, corrupción e impunidad, desapariciones, presencia del crimen organizado en amplias regiones del territorio nacional o crímenes en contra de periodistas.
Lo que sí trató de dejarse en claro es que, aparentemente, no hay división dentro de Morena, en un contexto en el que en las más recientes semanas, justo esa supuesta unidad ha quedado en entredicho, no sólo como una división dentro del partido, sino como lo que en muchos sentidos podría considerarse el inicio del desmarque del actual gobierno respecto del anterior.
Sin embargo, la relevancia de este mensaje de fraternidad morenista —a pesar de la crisis de los últimos días— radica en que justo antecede al inicio formal del proceso electoral federal de 2027 —apenas el próximo 10 de septiembre—, el cual, por diversos motivos, no será una elección cualquiera.
Más allá de los más de 20 mil cargos de elección que estarán en disputa el próximo año —entre los que destacan 17 gubernaturas y la renovación de diputaciones federales—, representa el primer ciclo electoral sin que Andrés Manuel López Obrador abiertamente participe en las campañas —como candidato, promotor del voto o funcionario—, probablemente desde antes del año 2000. A pesar de lo evidente y ante la ausencia del mesías, alguien tenía que intentar dar ese espaldarazo.
Así un capítulo más del contraste entre lo que se dice en tribuna y lo que se percibe día con día, en un acto más de posicionamiento de cara a las elecciones y en donde, lo que no se dijo, también forma parte del Informe.

Sin equilibrios

