El próximo año, las fuerzas políticas del país no sólo se disputarán 17 gubernaturas, mil 98 diputaciones locales y el control del pleno legislativo de San Lázaro. La batalla electoral bajará a tierra y se extenderá por más de 2 mil 200 municipios, entre ellos 29 capitales estatales: ciudades donde se concentra poder político, presupuesto, población y buena parte de la conversación pública de sus estados.
De norte a sur, las capitales —con excepción de Xalapa y Durango— serán algunas de las plazas electorales más codiciadas de 2027. Ganarlas significará mucho más que conquistar una presidencia municipal: será apoderarse de la principal vitrina política de una entidad y, en no pocos casos, construir desde ahí el siguiente escalón hacia el poder estatal.
Las capitales son cajas de resonancia del poder. Ahí están los gobiernos estatales, congresos, universidades, organismos empresariales, medios de comunicación, clases medias y buena parte de los liderazgos que influyen en la vida pública de una entidad. Ganar una capital proyecta. Perderla duele. Y mucho.

• Más fisuras en la 4T
Pero hay un dato que desde ahora preocupa a las dirigencias nacionales. Me hacen ver que entre las grandes ciudades que irán a las urnas, 47 enfrentan problemas de percepción de inseguridad, por encima del promedio nacional, que obligan a revisar con lupa cualquier escenario electoral. No sólo importa quién gobierna o cómo arrancan las preferencias. Hay un factor capaz de dinamitar campañas, borrar ventajas y alterar pronósticos: el miedo.
Los datos corresponden a la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI del primer trimestre de 2026:
Irapuato encabeza la percepción de inseguridad, con 92.1% de su población adulta que considera inseguro vivir en su ciudad;
Uruapan (86.7%), Reynosa (86.1%), Culiacán (84.4%), Ciudad Obregón (84.2%), Villahermosa (81.9%)…
Son ciudades distintas. Las gobiernan fuerzas políticas diferentes, pertenecen a regiones con realidades económicas y sociales que poco tienen que ver entre sí y enfrentan fenómenos delictivos que sería irresponsable meter en el mismo costal. Pero comparten un dato políticamente demoledor: en todas, al menos ocho de cada diez habitantes dicen sentirse inseguros.
Y ahí comienza otra batalla. Las elecciones municipales se ganan o se pierden mucho más cerca de la banqueta que de las grandes discusiones ideológicas nacionales. El elector puede tener una opinión sobre la economía, las reformas constitucionales o la relación con Estados Unidos, pero todos los días sale de casa, camina por una calle, utiliza el transporte público, lleva a sus hijos a la escuela, abre un negocio o regresa de trabajar.
Por eso, en 2027 no bastará a los partidos con sus marcas, sus estructuras territoriales o la popularidad de sus figuras nacionales. Cuando ocho o nueve de cada diez habitantes dicen sentirse inseguros, la pregunta frente a la boleta puede reducirse a algo mucho más elemental: ¿quién puede gobernar mejor mi ciudad y devolverme la tranquilidad?
Varias capitales aparecen en ese grupo, entre ellas Culiacán y Villahermosa. Renovarán sus gobiernos municipales en 2027 y todas llegarán a las urnas con la seguridad metida de lleno en la disputa política.
Cada una carga su propia historia.
El desafío, además, rebasa a las policías, la seguridad de una ciudad también se construye con alumbrado, recuperación de espacios públicos, vialidades, transporte, prevención, videovigilancia, policías profesionales, coordinación con los gobiernos estatal y federal, oportunidades para los jóvenes y algo tan elemental como difícil de recuperar cuando se ha perdido: la presencia de la autoridad en el territorio.
Así, las 17 gubernaturas concentrarán inevitablemente los reflectores y San Lázaro definirá la correlación de fuerzas durante la segunda mitad del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero debajo de esas dos grandes disputas correrá otra elección menos espectacular, aunque políticamente decisiva: la batalla por las ciudades.
RADAR
MORENA VA POR CUERNAVACA. Algo se mueve, y con mucha intensidad, en Cuernavaca rumbo a la definición de quien coordinará, como oposición real al partido en el gobierno desde 2021, los trabajos de la Cuarta Transformación hacia 2027 en la capital morelense.
En los espacios donde Morena procesa su organización política, el nombre del diputado federal Juan Ángel Flores Bustamante aparece no como el de un aspirante más, sino como el punto alrededor del cual comienzan a converger operadores, liderazgos territoriales, referentes estatales y nacionales y distintas expresiones del morenismo con interlocución incluso dentro del gabinete presidencial.
Hay un dato que nadie pasa por alto: Juan Ángel ha sido el candidato más votado de Morelos en cada una de las últimas tres elecciones. En tiempos en los que abundan aspirantes y escasean los votos, esa consistencia pesa. Lo convierte en un activo de rentabilidad electoral probada, con capacidad para sumar estructura, territorio y sufragios.
Vendrán resistencias, nos aseguran. También golpes, versiones y acusaciones de quienes buscarán cerrarle el paso a toda costa. Es parte de una sucesión que apenas comienza a calentarse. Pero, por ahora, el dato político es otro: el consenso alrededor de Flores Bustamante crece y cada vez son más los que voltean hacia él cuando se habla de Cuernavaca en 2027.
LA ROPA SUCIA SE LAVA EN CASA. Nos narran que el despacho A+A Arquitectos anda empeñado en desacreditar la construcción de la pista de atletismo de la Preparatoria Alfonso Calderón de la BUAP. Lo malo, afirman, es que mientras miran con lupa la pista que ya obtuvo la certificación Clase 1 de la Federación Mundial de Atletismo, al interior del propio despacho, trabajadores han denunciado casos de maltrato psicológico, hostigamiento y conductas discriminatorias por razones de género, origen étnico y posición laboral. Un grupo de trabajadores nos asegura que algunos de esos episodios incluso fueron documentados, lo que ha provocado rupturas laborales donde ya se gestan una serie de denuncias.

El segundo piso, casi listo

