En las últimas encuestas de popularidad Javier Milei se ha venido en picada al no registrarse los avances económicos que su candidatura prometió. Los recortes a los presupuestos no han tenido el efecto deseado en el bolsillo de la gente y la paciencia de un pueblo que puso en él la esperanza de salir del bache histórico de la corrupción política y el despilfarro se está agotando.
Como Milei es más un personaje de campaña que un estadista consagrado, ha puesto en marcha su maquinaria propagandística para salvar el bote. Ante una crisis de resultados, no hay nada mejor que una bandera política de alto impacto ondeando en lo alto de su torre en llamas. Ahora Milei está interesado en recuperar Las Malvinas.
Siendo un consagrado oportunista, se ha colgado del escándalo global de la pancarta que mostraron los jugadores argentinos en la pasada Copa del Mundo de la FIFA declarando que Las Malvinas son argentinas. Este tema es muy sensible para los argentinos y es una herida abierta que sigue sangrando y que, por tanto, es perfecta para aglutinar voluntades y conseguir apoyo a raudales. En efecto, ese cartel que se leyó con claridad en todo el planeta por segundos, avivó el debate y despertó la atención de toda una nación.

• Más fisuras en la 4T
Mientras tanto, al otro lado del mundo, Donald Trump se enfurruñaba con el Reino Unido por no apoyarlos en su batalla contra Irán, por lo que el presidente norteamericano jugó con la idea de apoyar a Argentina en la disputa con Londres por las mentadas islas. Una declaración hecha al aire dentro del sin fin de amenazas, ocurrencias y memes que el gobierno norteamericano usa para promocionar sus intereses. Sin embargo, esta vez Milei sintió latir fuerte su corazón al entrever una salida a sus problemas en casa.
Milei se ha tomado del faldón del norteamericano y le ha ofrecido la luna y las estrellas para que las compañías tecnológicas hagan y deshagan en territorio argentino; ha prometido mandar carne y demás productos a precio amigo; y ha prometido unirse al club de los fuertes y temibles hombres poderosos. Todo a cambio de un guiño, de una promesa de amistad y apoyo que mantenga viva la esperanza de un pueblo que no supera la pérdida de su antiguo territorio.
¿Realmente EU ayudará a Argentina a entablar una guerra por Las Malvinas? No, pero mientras la gente perciba que Milei se ha aliado con el matón del barrio en esta lucha, la atención se irá en esta ansiada dirección y dejarán de mirar la realidad: una Argentina que no avanza y un presidente que no sabe gobernar. El tema de las Malvinas es un callejón sin salida. Es una bomba de humo que busca darle tiempo a Milei para encontrar un camino de regreso en la aprobación popular. Una cruel manipulación de un pueblo que vive de la ilusión.

El segundo piso, casi listo

