ANTROPOCENO

Una columna más sobre PISA

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El opinador U pensó que la gravedad de la noticia ameritaba tomarse el lunes para salvar a la patria y postergó su regreso a la Ciudad de México. Desde su casa secundaria en Valle de Bravo, en pijama de franela por la ola de frío, comenzó a redactar su columna acerca del “cataclismo” que, según él, representaban los resultados de la prueba PISA.

Pensó que un efecto dramático podía servir de íncipit y explicó que los jóvenes mexicanos de 15 años eran incapaces de hacer una operación matemática elemental: “Si el kilo de aguacate está a 40 pesos y 500 gramos de chicharrón cuestan 75, nuestros adolescentes se encuentran inermes ante los desafíos aritméticos de su sustento alimentario cotidiano, no sabrán si deben preparar sus tacos con aguacate o chicharrón”, escribió.

Mientras tanto, en el puesto de verduras del mercado municipal de Valle de Bravo, el joven R atendía a tres clientes al mismo tiempo. A quien esto escribe, a la cocinera de U y a una jubilada que se iba decidiendo lentamente: “Ah, ¿esos de allá son quelites? … ¿Y cuánto cuestan los duraznitos?”. Impaciente, la cocinera colaba sus peticiones entre las frases titubeantes de la adulta mayor. “Dame manojos de cilantro y perejil, y tres aguacates”. Quebraría el puesto de R si todos los clientes esperáramos detrás de los indecisos que, además, disfrutan la salida al mercado para platicar. R aplica sin darse cuenta una compleja ponderación: las variables para decidir quién es atendido primero son quién llegó antes, quién sí sabe a lo que viene, quién es excelente cliente, pero tiquismiquis con los turnos, etcétera.

En Filipinas descubrieron hasta qué punto los resultados de PISA dependen también de la familiaridad de los estudiantes con el examen. Las autoridades filipinas (incluidos el secretario de Educación, Sonny Angara, y el presidente Marcos) reconocieron que los 16 puntos de avance en PISA, este año, eran resultado en gran parte de la preparación específica para el examen, que incluyó la garantía de que los participantes contaran con experiencia digital previa (una debilidad detectada en 2018 y 2022, cuando algunos estudiantes filipinos utilizaron un mouse por primera vez durante el examen) y la incorporación de preguntas similares a las de PISA en las clases y programas especiales.

¿Por qué México no debería hacer lo mismo? ¿Preparar a los estudiantes para la prueba PISA, en vez de sensibilizarlos acerca del espejismo del dinero fácil del crimen organizado y de fomentar en ellos la solidaridad y el orgullo por la historia de México? No estoy de acuerdo. Cada política educativa supone acentos en esto o aquello. Pero el catastrofismo de columnistas empijamados tiene mucho de falaz.

U remató su texto escribiendo: “Yo sí tengo a mis hijos en escuela pública, no como los políticos de Morena”. Una lectora, su exesposa, habría de leerla y pensar: “Hay que ser muy cínico. No nos pasas pensión alimentaria con el pretexto de que la 4T te quitó la chamba y encima presumes que es por tu compromiso que los chavos van a la prepa de la UNAM”. Quizá PISA no sea la única prueba de inteligencia que deberíamos aplicar.

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