Ya he escrito en este espacio sobre las más frecuentes críticas al psicoanálisis contemporáneo: que no sirve, porque sus resultados no son cuantificables; que la duración es demasiado larga y, por tanto, implica una inversión que poca gente puede pagar; que sus postulados teóricos han quedado obsoletos frente al avance de las neurociencias y la psicología experimental.
Hace tiempo escribí sobre el caso francés, en el que los legisladores proponían excluirlo de los reembolsos de la seguridad social, lo cual generó movilizaciones sociales y del sector médico en su defensa. https://www.razon.com.mx/opinion/2025/12/12/las-criticas-al-psicoanalisis/
Hace unos días, el humorista gráfico Tute entrevistó en Canal A a Eugenia Nasso, una psicoanalista que abrió la conversación diciendo que el psicoanálisis no sirve. Claro que esta frase fue dicha en un contexto pero, como siempre, sacada de ahí, generó escándalo en unos y alegría en otros, a los que por fin se les daba la razón sobre lo inútil que es el psicoanálisis.

• Golpe a Los Ardillos y a Los Tlacos
También acá he escrito sobre las razones por las que el psicoanálisis tiene mala reputación. En resumen, por hacer de difícil acceso sus postulados, por considerar que la divulgación lo corrompe, por una actitud esnob en muchos practicantes, que ven en esta forma de terapia algo excepcional.
Que no sirve y que no cura es una afirmación que sólo considera que algo es eficaz en tanto se puede medir. Evaluar los resultados de una terapia psicoanalítica sigue un camino muy distinto al de otros modelos de terapia, sobre todo norteamericanos. La investigación cualitativa, que trabaja con el estudio de caso, es una forma de demostrar los resultados. Un caso bien escrito puede probar el cambio de posición subjetiva de un paciente que salió de su análisis sufriendo menos que cuando empezó. Claro que los pacientes acuden al consultorio de terapia porque tienen síntomas: ansiedad, tristeza inconsolable e irreductible, insomnio, problemas en todos sus vínculos. La diferencia entre la terapia psicoanalítica y otros modelos es que en la primera la cura se da por añadidura, lo que no quiere decir que no ocurra, sólo que lo hace por un camino indirecto, diferente. Otra diferencia es que se considera que muchas veces el motivo de consulta es sólo la cara visible de otro padecimiento que está mucho menos accesible a la conciencia. El insomnio se puede corregir con pastillas, pero deja sin atención las causas que lo originan.
El psicoanálisis es una práctica terapéutica que cura, pero que se puede considerar inservible bajo los criterios cuantitativos de otro tipo de terapias. Los pacientes reportan después de un tiempo menos síntomas, menos conflictos en sus relaciones, menos repetir lo que hace mal, más flexibilidad para enfrentar los aspectos miserables de la vida con menos tintes trágicos, más aceptación de lo que salió mal, de la mala suerte, del azar que a veces juega en contra.
Tal vez sea necesario quitarle el halo místico al psicoanálisis que sirve a quienes lo practican, analizantes y analizados, para sentirse parte de una élite intelectual que no va a terapia a curarse. El análisis es tan terrenal como otros trabajos, se facturan las sesiones y el concepto que se anota dice “servicios de salud”.
Trabajar partiendo de la existencia del inconsciente, con una idea de un sujeto dividido, que desconoce una parte de su mente, a partir de un cuerpo teórico amplio y en constante expansión, es una forma de la terapia que cura.
Quizá para lo que no sirve el psicoanálisis es para dar respuestas rápidas a asuntos complejos. Tampoco sirve para llenar cuestionarios, escalas e indicadores de rendimiento. El proceso es tan importante como los resultados, tome el tiempo que tome, y eso es lo que se reporta en la investigación clínica del caso por caso.
Valeria Villa¿SIRVE LA TERAPIA PSICOANALÍTICA?*

El problema no son los ciudadanos

