POLITICAL TRIAGE

Una apuesta de riesgo

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, el Partido Republicano se enfrenta a una coyuntura que define su futuro. Aunque se elegirán diputados y buena parte de los senadores, suelen considerarse una evaluación de la presidencia en turno. Así, aunque el nombre del presidente no estará en las boletas, es a él a quien juzgarán la mayoría de las personas que se acerquen a las urnas este noviembre.

La gran disyuntiva estaba entre ligar abiertamente el nombre de Donald Trump a la elección o tratar por todos los medios de separarlo de los candidatos que se juegan su futuro. Al final, las cartas están echadas con la organización de la Convención Republicana en Dallas, un evento inédito que sólo suele hacerse cuando se trata de elecciones presidenciales.

En la Convención el presidente declaró abiertamente que los electores deben votar pensando en que en cada boleta está su nombre en juego y no el de los candidatos en turno. Él mismo ha ligado la suerte de las elecciones a su nombre en un momento en el que su popularidad viene en caída libre. Las encuestas coinciden en que únicamente un tercio del electorado piensa que su gestión ha sido positiva.

Este tercio que respalda al presidente representa su base dura. Esos votantes que nunca, en todos estos años, lo han dejado solo y que se quedarán con él hasta el final. Ese tercio seguro y bien movilizado, sumado a algunos grupos de interés y en un escenario de apatía ciudadana y división del voto centrista y demócrata, le ha dado victorias anteriormente. No es un número despreciable, pero sí depende de estar profundamente comprometido. El presidente lo sabe y a ellos se dirigió en la convención prometiendo, a falta de resultados económicos como la baja del precio de la gasolina, dinero a cambio de la victoria electoral.

Cinco mil dólares a cada ciudadano con derecho al voto fue la promesa de un Trump que sabe que pocos le creen, pero no necesita convencer a nadie fuera de ese tercio que considera su voz como un mensaje mesiánico inapelable. Sólo necesita movilizar más electores que sus contrincantes en unos comicios que históricamente se han caracterizado por tener muy baja participación. Una medida astuta, corrupta, pero astuta.

Sin resultados que respalden su gestión, la elección está para ser perdida por el Partido Demócrata. Tienen todo para tomar el control de las Cámaras y bloquear al presidente en la recta final de su mandato. Sin embargo, no muestran músculo, discurso o figuras destacadas. Su mejor argumento y estrategia ha sido la misma aparición de Donald Trump ligando su nombre al destino de los comicios. Su presencia, temida y aplaudida por todos, es una moneda al aire que gira en el descontrolado rumbo de la política estadounidense.

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