BAJO SOSPECHA

“Como sociedad, normalizamos la violencia y cuestionamos a víctimas”

En su ópera prima El Desaire, Gabo Ramos evidencia las red flags que deben ser atendidas; dice que los galardones de la película muestran la relevancia y vigencia internacional del tema

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Todos hemos escuchado el corrido de Rosita Alvírez. Pocos nos hemos detenido a pensar en lo que cuenta: una joven de Saltillo que no quería bailar con un hombre y por eso terminó muerta.

El director Gabriel Ramos tomó esa historia y la convirtió en El Desaire, una película que ganó premios a la Mejor Película en festivales de Estocolmo, Barcelona y Rusia. Desde el 3 de septiembre está en cines.

Y es que la canción que nos aprendimos en las fiestas es, en realidad, la crónica de un feminicidio. El corrido de Rosita Alvírez se ha cantado durante generaciones. Lo interpretan grandes artistas, se escucha en fiestas y restaurantes y forma parte de la cultura popular mexicana.

El Desaire, ópera prima del director Gabriel Ramos, Gabo, es una película mexicana inspirada en el famoso corrido, pero trasladada a nuestros días. Una historia sobre violencia de pareja, celos, acoso y esas primeras señales que muchas veces se normalizan hasta que es demasiado tarde.

Ramos, además de director, encabeza Epic Film Institute, una escuela de cine ubicada en Saltillo, Coahuila. Esta semana platicamos para La Razón con él.

El cineasta, Gabriel Ramos produce El Desaire, una adaptación del corrido de Rosita Alvírez.
El cineasta, Gabriel Ramos produce El Desaire, una adaptación del corrido de Rosita Alvírez. ı Foto: Especial

Bibiana Belsasso (BB): ¿Por qué Rosita Alvírez?

Gabriel Ramos, Gabo (GR): Porque es una historia vinculada con Saltillo. Tenemos una escuela de cine, Epic Film Institute, que ofrece la carrera de Producción Cinematográfica en Coahuila y está avalada por la SEP. Uno de nuestros objetivos, además de formar cineastas, es contar historias del noreste de México. El cine ha estado muy centralizado y existen muchísimas historias en otras regiones que no han sido contadas. Rosita Alvírez era una de ellas.

BB: ¿Qué te impactó del corrido?

GR: Que hemos normalizado lo que cuenta. La gente canta el corrido a todo pulmón, pero pocas veces se detiene a pensar en la letra. Rosita rechaza a un hombre, lo desaira, y él la mata de tres tiros. En Saltillo y en Coahuila es una canción muy conocida, incluso existe cierto orgullo alrededor del corrido. Pero cuando analizas la historia dices: ¿qué estamos cantando realmente?

BB: ¿Estamos cantando un feminicidio?

GR: Exactamente. Y de ahí surgió la inquietud de contar la historia de otra manera. Hay muchas cosas que como sociedad hemos normalizado y ésta es una de ellas.Queríamos darle la vuelta al discurso. Ninguna mujer tiene la culpa de que la maten.

BB: ¿Existió realmente Alvírez?

GR: El corrido dice que la historia ocurrió en 1900. Los corridos han funcionado muchas veces como una especie de almanaque de la historia de nuestras ciudades y de nuestro país. Algunos parten de hechos reales, otros terminan convirtiéndose en leyendas. No sabemos exactamente qué ocurrió, pero algo debió suceder alrededor de esa época para que surgiera el corrido. Nosotros no pretendemos hacer una reconstrucción histórica. La película está inspirada en esa historia.

BB: ¿Por qué traerla al presente?

GR: Porque desafortunadamente sigue siendo vigente. Nos preguntamos: ¿qué le pasaría a Rosita Alvírez si viviera hoy? La película ocurre en la actualidad. Tomamos la referencia del corrido, pero construimos personajes y situaciones distintas.

BB: ¿Quién es la Rosita de hoy?

GR: Es una joven que vive situaciones que muchísimas mujeres pueden reconocer. Al personaje de Hipólito lo desdoblamos en dos: un novio extremadamente celoso y tóxico y un joven vinculado al narcomenudeo que es cliente de la florería donde trabaja Rosita y comienza a acosarla. Ella queda rodeada de distintas formas de violencia que termina escalando.

BB: ¿La violencia siempre da señales?

GR: Muchas veces sí. Eso es algo que quisimos mostrar: cómo la violencia puede crecer gradualmente dentro de la relación.

Empieza con micromachismos, celos, controles y pequeñas agresiones que se normalizan. Después, esas conductas pueden escalar hasta llegar a la violencia física.

BB: ¿Por qué era importante detectar esas banderas rojas, esas señales que nos hablan de peligro?

GR: Porque tengo dos hijas, una de 16 y otra de 14 años. Eso hizo que este proyecto se volviera también algo muy personal.

Quería hacer una película con seriedad y respeto, pero también dejar un documento que pudiera servirles a ellas y a otras jóvenes para identificar las red flags que pueden existir dentro de una relación.

BB: ¿Los hombres deben verla?

GR: Absolutamente. Creo que les puede servir muchísimo. Algunos pueden verse reflejados en determinadas conductas y darse cuenta de que están haciendo cosas que no están bien. La película puede funcionar como un espejo y provocar que alguien se detenga y se cuestione.

BB: ¿Seguimos culpando a las víctimas?

GR: Sí, y ése es otro problema muy grave. Como sociedad no solamente normalizamos la violencia, sino que muchas veces terminamos cuestionando a la víctima: por qué estaba ahí, por qué salió, por qué estaba vestida de determinada manera, por qué le dijo que no. Terminamos preguntándonos: ¿qué hizo ella?, en lugar de cuestionar al agresor.

BB: ¿Qué papel tiene la familia?

GR: Es fundamental. En la película hay una escena en la que Rosita llega triste y le cuenta a su mamá que tuvo problemas con su novio porque es muy celoso. Y la mamá le dice: “Algún defecto debía tener”. Ahí estás normalizando una señal de violencia.

BB: ¿Los padres también deben aprender a detectar esas señales?

GR: Claro. Tenemos que abrir la conversación con nuestros hijos e hijas, preguntarles qué está pasando y escuchar realmente sus problemas. Una joven tiene que saber que puede hablar con su mamá, con su papá o con su red de apoyo. La comunicación puede hacer una diferencia enorme y, en algunos casos, evitar una tragedia.

BB: ¿Cómo lograron hacer la película?

GR: La escuela pertenece a la Universidad Carolina de Saltillo y presentamos el proyecto a empresarios, personas relacionadas con las artes y a autoridades municipales y estatales. Mucha gente se sumó porque entendió el valor de la historia y la importancia de dejar un documento que genere reflexión en las generaciones.

BB: ¿Cómo ha reaccionado el público internacional?

GR: Ha sido impresionante. La gente sale muy conmovida. La película ha estado en festivales en Rusia, Suecia, India, Barcelona, Nueva York, Houston, Arizona y otros lugares. Ha recibido premios y reconocimientos, y eso nos ha permitido comprobar que, aunque parte de una historia mexicana, el problema que aborda trasciende fronteras.

BB: ¿Dónde podemos verla?

GR: Está en cines, en Cinépolis y Cinemex, aproximadamente en 120 salas del país. En las redes sociales de El Desaire pueden consultar las ciudades y complejos donde está disponible.

Esperamos permanecer una tercera o cuarta semana en cartelera y después llegará a alguna plataforma. Todavía estamos definiendo cuál.

BB: ¿Qué muestras con El Desaire?

GR: No quería hacer simplemente una película más. Siendo mi ópera prima, quería abordar un tema serio y hacer un proyecto que tuviera un significado. Para nosotros, como universidad y como escuela de cine, tiene un valor educativo. Para mí, como director, es una película muy importante. Pero también lo es como padre de dos adolescentes. Si logramos que una joven identifique una señal de peligro, que unos padres escuchen de otra manera a su hija o que un hombre se cuestione determinadas conductas, entonces la película habrá provocado algo importante.

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