VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

La debacle estadounidense  en Medio Oriente

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Esta semana, reportes en los medios ABC y CBS de Estados Unidos corroboraron los rumores que se escuchan desde hace meses: Irán logró destruir cientos de edificios en bases militares estadounidenses en Kuwait, Baréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Irak, Omán y Jordania.

No se trata de daños menores, sino de lo que parece ser la destrucción de decenas de instalaciones militares de este país en la región, con daños a su infraestructura que prácticamente dejan a varias de estas bases no funcionales y que, de querer repararse, requerirían un esfuerzo de años.

Además de esto, el inspector general del Pentágono estadounidense confirmó también que Estados Unidos enfrenta una tremenda escasez tanto de misiles de ataque como de defensa, reservas que el ejército tardará, en algunos casos, hasta años en recuperar y que representan una pérdida de más de 22 mil millones de dólares.

Conforme pasan las semanas desde la nueva entente entre Irán y Estados Unidos, que inició a principios de agosto, más y más revelaciones de este tipo han salido a la luz. A pesar de los enormes esfuerzos de Washington por ocultar estas pérdidas, imágenes satelitales y nuevos reportajes basados en fotografías y testimonios de soldados estadounidenses han dejado en claro la envergadura de la derrota militar y estratégica de Estados Unidos en la guerra.

El régimen de los ayatolás, significativamente inferior tanto en fuerza militar como económica, supo durante estos meses aprovecharse del hubris y de la falta de visión estratégica del presidente Trump para llevar a lo que parece ser una de las derrotas más significativas de Estados Unidos en Medio Oriente, incluso más contundente que sus derrotas en Afganistán e Irak.

Esta derrota promete cambiar radicalmente la configuración de poder en el área. Por décadas, los países del Golfo, encabezados por Arabia Saudita, adoptaron la alianza militar con Estados Unidos como el elemento central de su estrategia de defensa ante la amenaza iraní.

Aunque los saudíes tienen un ejército significativo, los demás países del Golfo, en lugar de invertir directamente en armamento y defensa, le otorgaron con alfombra roja a Estados Unidos la posibilidad de establecer bases militares en sus territorios. Estas bases, pensaban, servirían como elemento disuasivo, pues Irán sabría que atacarlos a ellos sería prácticamente como declarar también la guerra a Estados Unidos.

Cuando Trump decidió atacar a Irán con toda su fuerza, Teherán respondió con dos estrategias efectivas. Primero, cerrando el estrecho de Ormuz y tomando como rehén a la economía mundial; y, de una manera un poco más sorpresiva, atacando no solamente a bases estadounidenses en la región, sino también a blancos energéticos y civiles de todos los países del Golfo con drones de bajo costo que son casi imposibles de detener.

Estados Unidos perdió así en esta guerra una buena parte de sus bases militares en Medio Oriente. Para recuperarlas se necesitaría una inversión masiva. Pero incluso si decidieran hacerla, no es seguro que los países de la región quieran volver a albergarlas. En lugar de servir como protección, las bases los convirtieron en blancos.

Con Estados Unidos fuera de Medio Oriente, se esperan nuevos arreglos de poder: algunos hablan de nuevas e inesperadas alianzas con Irán; otros, del papel que podrían asumir actores como Turquía y China.

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