MARCAJE PERSONAL

Los días y las horas en que perdimos el juicio

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Es un afán inútil el tratar de moderar la locura. El entonces ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá lo intentó, de algún modo, proponiendo que la Reforma Judicial se invalidara, aunque fuera en parte, para que no se tirara por la borda la experiencia de miles de jueces que serían echados a la calle. Su proyecto ni siquiera llegó a discutirse, porque en el pleno de la SCJN no se alcanzaron los ocho votos que se requerían para determinar si era procedente la revisión de una reforma a la Constitución, ya que se estaban violando principios democráticos fundamentales.

Yasmín Esquivel, Loretta Ortiz y Lenia Batres votaron como era esperado: en contra de la propuesta de González Alcántara Carrancá.

La sorpresa fue el ministro Alberto Pérez Dayán, contrario, hasta esa sesión, a las insensateces que estaban debilitando la independencia del Poder Judicial.

Pérez Dayán echó por la borda toda una trayectoria y sus motivos, hasta ahora, son desconocidos, porque los que profirió en la sesión son banales, si se tienen en cuenta los dilemas de lo que se tenía en el horizonte. “No voy a optar entre insensateces”, dijo a sus colegas y optó por la destrucción de una institución que fue su casa, traicionando, inclusive, a los colaboradores de su propia ponencia.

¿Podrá dormir tranquilo el exministro?, ¿le remorderá la conciencia el daño que le hizo a todo el sistema jurídico? Habría que preguntárselo, aunque los realizadores de El día que perdimos el juicio no pudieron hacerlo porque canceló la entrevista en el último momento.

Lo que sí hicieron los productores, y entre ellos la comprometida experta en temas jurídicos, Laurence Pantin, es conversar con académicos, ministros, magistrados y jueces que, en una propuesta coral, nos hacen revivir aquellos días en que se derrumbaron muchas de las certezas que habían acompañado al cambio en México.

El día que perdimos el juicio es un documental breve pero potente, que genera emociones y, entre ellas, las de la rabia ante lo que era, a todas luces, una insensatez: la elección por voto popular de todos los jueces, porque conduciría a la captura de los propios juzgadores, sujetándolos a una lógica de competencia y permanencia que no abona a la independencia.

La convergencia de Juicio Justo, Fundación Konrad Adenauer, Rule of Law Lab y Réplica Films da cuenta de la importancia que le dieron al asunto y a su divulgación.

Lo que ocurrió en México es también lección para otros países, advertencia de que no conocemos los límites a los que se puede llegar en lo que es una transformación profunda del Estado y el mayor “atentado” contra la separación de poderes y la democracia, de acuerdo con el exministro Javier Laynez.

El día que perdimos el juicio será una de las piezas centrales de la historiografía fílmica, un testimonio de todo lo que no alcanzó para detener la locura.

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