Este jueves 24 de septiembre arranca la consulta pública del Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México, y termina el 22 de noviembre.
Son dos meses para poder opinar sobre el documento que va a decidir cuántos pisos se pueden construir en su calle, si al lado de su casa puede abrir una oficina o un comercio, cuántas casas o departamentos se pueden construir en cuántos metros cuadrados y, sobre todo, cuánto va a pagar de predial en los próximos años.
Es una consulta como las otras que se han hecho desde el gobierno de Morena para justificar y legitimar una decisión arbitraria. En México, las consultas se han convertido muchas veces en una herramienta para respaldar decisiones ya tomadas. Entre ellas están la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el Tren Maya, la termoeléctrica de Huexca, la planta de Constellation Brands, el juicio a expresidentes y, recientemente, los ejercicios vinculados con la reforma al Poder Judicial.

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CRECE LA METRÓPOLI

Ahora se quiere reordenar la ciudad para densificarla aún más sin asumir ninguna responsabilidad real en, por ejemplo, la movilidad o el abastecimiento de agua.
Una consulta que casi nadie sabe que existe, y que pueden votar 10 personas y la hacen ya vinculante. Y eso es gravísimo.
El programa lo coordina la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, la Sedatu, con los gobiernos de la Ciudad de México, el Estado de México, Hidalgo y Morelos.
Por parte de la capital, uno de los responsables de su elaboración es el secretario de Planeación, Ordenamiento Territorial y Coordinación Metropolitana, Enrique Irazoque Palazuelos.
Estamos hablando de 84 demarcaciones: las 16 alcaldías de la Ciudad de México, 59 municipios mexiquenses, ocho de Hidalgo y Huitzilac, en Morelos. Un esquema de reordenamiento, bueno, así lo llaman, que afecta a más de 20 millones de personas.
No parece ser un documento de buenas intenciones y, una vez aprobado por los congresos de las cuatro entidades, todos los planes de desarrollo urbano, los programas de las alcaldías y los usos de suelo tendrán que ajustarse a él.
Y es que las autoridades lo que quieren es densificar aún más la Ciudad de México, principalmente. En las zonas que el documento llama de “ocupación urbana consolidada”, es decir, las colonias que ya están hechas, con calles, drenaje y transporte, se propone permitir más altura, más vivienda y usos mixtos donde hoy sólo hay casas.
Y es que, como la ciudad ya no puede crecer hacia afuera, tiene que crecer hacia arriba, y es mejor construir donde ya hay servicios, que seguir empujando a la gente a dos horas de su trabajo. Lo cierto es que los servicios en esas colonias, desde el agua y el drenaje, no están preparados para soportar miles de viviendas más.
El plan de desarrollo tendría que empezar con garantizar los servicios públicos y regresarle a la gente un poco de los miles de pesos que invierten en su predial en servicios antes de pensar en densificar las zonas, que traerá consecuencias graves.
La propuesta también introduce los usos de suelo “flotantes”, que permiten autorizar proyectos sin una ubicación específica; crea Zonas Especiales de Interés Social con reserva de suelo público; y define Polígonos de Desarrollo y Construcción Prioritarios donde el dueño de un predio queda obligado a construir en un plazo de dos a cuatro años. Si no lo hace, el documento habla de “la obligación de venderlos en subasta pública”.
Imagínese que usted tiene un terreno, que todavía no quiere construir, bueno, pues un terreno en el que su dueño no construya en cuatro años puede terminar en subasta.
Y el aumento de predial será otro golpe duro para los ciudadanos. El documento plantea actualizar el catastro al valor de mercado, ajustar al alza la base del impuesto, incrementar cuotas y tarifas y gravar los predios baldíos o subutilizados.
En el mismo documento dice que, con la nueva zonificación, “en más de la mitad de la ciudad habrá una revalorización del suelo”.
Lo cierto es que el valor de su propiedad solamente aumentará para pagar impuestos, pero el valor comercial, si usted quiere vender, será menor. Porque en una calle que debería de ser habitacional, con comercios, tránsito, falta de agua y drenaje, su propiedad tendrá menos valor para venta.
Y es que si en una calle donde hoy se permiten dos niveles mañana se autorizan seis, con comercio en planta baja, el terreno vale más, aunque la casa sea la misma. Y el predial se calcula sobre lo que vale el terreno, no si es un edificio o una casa, por lo menos eso es lo que quieren hacer. La señora que lleva 40 años en su casa de Coyoacán, la Del Valle o la Narvarte, va a pagar como si viviera en un edificio que nunca construyó.
Sin duda, este nuevo plan de ordenamiento será el instrumento para poder aumentar el predial en el Valle de México.
No es una opinión mía, está especificado y escrito en el documento. Lo que se recaude por esta vía, más las contribuciones por plusvalía y las aportaciones de estados y municipios, iría a un nuevo Fideicomiso Metropolitano del Valle de México.
¿Y a dónde va ese dinero?, nadie lo sabe más que las autoridades y quienes hacen este plan de reordenamiento.
Hay otro tema, hoy la mayor parte de lo recaudado en la Ciudad de México se está destinando principalmente a colonias populares y no a las colonias de clase media, con el argumento de que éstas no son votantes del partido en el Gobierno.
No existe duda de que esto mismo va a suceder a mayor escala ahora que se apruebe el nuevo plan de desarrollo.
Hasta ahora, ¿qué se ha visto? En casi las alcaldías de la CDMX gobernadas por Morena, casi todos los proyectos están destinados a zonas más populares; los baches, la iluminación, los servicios de las colonias de clase media se están haciendo a cuentagotas.
Hoy el programa, que supuestamente irá a consulta, cuando ya está escrito y definido, tampoco establece reglas claras de a dónde irá el dinero del fideicomiso.
Yo, sin duda, estoy a favor de que se invierta y apoye a las colonias populares, el tema está en que no se deje de hacer trabajos indispensables en colonias de clase media, que son los que aportan para que la ciudad se sostenga.
Si se va a pagar más predial, se tiene derecho a saber qué se va a recibir a cambio: banquetas, agua, drenaje, transporte, o si va a financiar proyectos para que el partido en el poder pueda obtener votantes.
Por cierto, no es la primera vez que se intenta. El cobro de plusvalías se discutió en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México en 2016 y no prosperó. Ahora, la iniciativa regresa por la puerta metropolitana.
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La consulta es real y está abierta del 24 de septiembre al 22 de noviembre. Pida el documento, revise qué zonificación le toca a su colonia, pregunte en su alcaldía cuántos niveles se van a permitir en su calle y a qué se va a destinar su predial que irá al fideicomiso, que no se ha hecho público, cómo se va a manejar.

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