QUEBRADERO

Violencia política

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Va a ser difícil que en las elecciones del 2027 se pueda evitar la violencia que se vive en el país. Las cosas adquieren una dimensión mayor porque la lucha por el poder coloca a la delincuencia organizada como un factor.

En muchos estados existe una violencia latente o manifiesta que descompone las estructuras de la sociedad. La percepción de inseguridad es muy alta, a pesar de que los delitos han disminuido. Sin embargo, lo que no ha disminuido es la violencia en las calles y las extorsiones, las cuales cada vez son mayores ante la impotencia ciudadana y la falta de respuesta de la autoridad.

Es sabido que ante las extorsiones en un buen número de casos existe una cifra negra. Los ciudadanos optan por no denunciar por la falta de respuesta de la autoridad, y porque los delincuentes conocen a detalle la vida de las personas que extorsionan.

Mientras el gobierno y las instituciones electorales no hagan acuse de recibo de lo que ha pasado en procesos electorales anteriores, veremos una réplica del pasado. En el 18 y 24, sin pasar por alto elecciones de otros años, la delincuencia organizada terminó siendo un factor en los resultados.

El gran problema fue y es que si el gobierno no considera lo sucedido los patrones se repetirán. El caso más claro fue Sinaloa. Como se ha documentado el día de las elecciones se secuestró a personajes de oposición y a sus seguidores. Para el gobierno y las instituciones electorales todo pasó a segundo plano, en buena medida, porque lo importante era ganar a como diera lugar.

Las consecuencias de lo que pasó en Guerrero, Michoacán, Baja California y Sinaloa, entre otros estados, son prueba de ello. El cúmulo de dificultades que han vivido los ciudadanos en estos estados va de la mano de gobiernos incapaces para enfrentar las problemáticas de la gobernabilidad, pero también porque al amparo de sus triunfos se conjuntaron una gran cantidad de irregularidades que definieron el estado de las cosas.

Escenarios de esta naturaleza se presentaron en 2018, pero las cosas adquirieron otra dimensión porque el triunfo de López Obrador fue inobjetable. No quiere decir que no hayan participado otros factores, lo que pasa es que ya no se hizo una revisión, el resultado fue claro y elementos como éstos fueron mandados a segundo plano.

La delincuencia organizada ha adquirido un papel preponderante en los procesos electorales. No es que no se pueda circular en algunas de las zonas en las cuales tiene un control territorial, lo que sucede es que junto al hecho que tengan una base social en algunas zonas del país, se suma que en la selección de candidatos los partidos buscan tener personajes que les permitan ganar sin importar el cómo.

Ayer la Presidenta en Sinaloa de nuevo se refirió a la intervención extranjera, en un lugar en donde bien pudo poner énfasis en lo que ha pasado al interior del estado, en donde la responsabilidad recae directamente en quienes han permitido que se pierda territorio, tranquilidad, civilidad perdiéndose la defensa de una ciudadanía que vive, materialmente, encerrada y contra la pared.

Todo ello debido a la presencia de la delincuencia organizada en los procesos electorales, la cual apoyó a los candidatos del partido de la Presidenta.

Los cárteles no necesariamente controlan territorios para hacer lo que hacen.

Tienen muchos mecanismos para hacerlo. Entre ellos está su complicidad con la autoridad. El no apoyar ciertas fórmulas electorales, sin exagerar, coloca a los ciudadanos al borde de la barranca.

No hay elementos por ahora para suponer que la violencia política verá las elecciones desde la tribuna, desde hace tiempo está en la cancha.

RESQUICIOS.

Las organizaciones sociales de Sinaloa se quedaron esperando la posibilidad de un diálogo con la Presidenta. Después de lo que ha pasado en el estado, y en particular en Culiacán, un encuentro en su apretada agenda hubiera sido reconfortante para los abrumados y dolidos ciudadanos.

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