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Groenlandia para los daneses

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El presidente Donald Trump anunció con bombo y platillo un triunfo más de su administración. Luego de aplicar sus excepcionales dotes de negociación, logró que Dinamarca le concediera el control total y permanente sobre sus necesidades en la isla, incluyendo la seguridad nacional. Este acuerdo se verá coronado con un acto protocolario en Naciones Unidas en donde se firmará un documento que afirma la pertenencia de Groenlandia a Dinamarca y otorga estos permisos a Estados Unidos.

La firma viene precedida de mucha tensión diplomática en la que el gobierno estadounidense amenazó con la anexión del territorio a la unión americana. Esta retórica estuvo cerca de hacer volar por los aires una de las alianzas más estables de las últimas décadas: la OTAN. Dinamarca es miembro fundador de la alianza que compromete a sus miembros a defender activamente, incluso en un conflicto militar, a cualquier miembro que fuera atacado. La gran paradoja es que EU es también miembro de la misma alianza, por lo que se verificaba una situación inédita: una agresión entre miembros.

Declaraciones, amenazas y memes de mal gusto llenaron meses de tensión en los que los miembros europeos de la alianza se prepararon para defender a Dinamarca en caso de una agresión estadounidense. Al mismo tiempo, seguían siendo “aliados” en otros conflictos como el de Ucrania, en el que Europa siempre ha dudado de las verdaderas intenciones de Donald Trump y de sus simpatías con Vladimir Putin. Por momentos parecía que ésta sería el fin de una era.

Este acuerdo devuelve la paz a la región, siempre amenazada por las ocurrencias estadounidenses. Es una gran movida de la diplomacia danesa que le concedió una victoria mediática al presidente estadounidense al mismo tiempo que le vende como logro lo que desde los años 50 ha tenido: permiso para tener bases militares y manejarlas con libertad. El pacto no tiene novedad alguna. Sólo es una foto más para elevar el ego de Trump y tratar de venderle a su base una victoria en un momento clave de cara a las votaciones de noviembre. Fuera de eso, es humo en el aire.

Groenlandia ha tenido bases militares estadounidenses y permiso para operarlas desde hace décadas. Seguirá exactamente igual ahora con este “nuevo” pacto. Sólo es un paquete mediático distinto para un presidente que vive de la imagen y que busca detener su caída en las encuestas. La paz seguirá mientras no se perciba que otra bravuconería sea necesaria para alimentar los titulares.

Los mandatarios y figuras políticas extranjeras ya encontraron el camino con el gobierno estadounidense: le dan medallitas y le hacen fiestas para mantenerlo en paz. El gobierno norteamericano gana imagen ante votantes que viven de la imagen de su líder. Todas ganan. Todos pierden.

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