CONTRAQUERENCIA

Candidatos coordinadores

Eduardo Nateras<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Eduardo Nateras*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Apenas el 10 de septiembre pasado arrancó formalmente el proceso electoral federal, que culminará en la elección concurrente con comicios locales de junio de 2027, en la que se elegirán 17 gubernaturas y 500 diputaciones federales —entre los más de 20 mil cargos en disputa—.

Sin embargo, lo más sorprendente es que llevamos ya varias semanas —e incluso meses— sumergidos en procesos completamente abiertos de una pugna entre los suspirantes del oficialismo a hacerse de alguna de sus candidaturas —eso sí, sin crisis ni divisiones, a decir de ellos—, a pesar de que el periodo de precampañas está marcado hasta el 4 de enero del próximo año, mientras que las campañas formalmente habrán de iniciar hasta abril de 2027.

Esta engañosa práctica la instauró el propio Andrés Manuel en la elección federal pasada, con las llamadas “corcholatas”, donde desde varios meses previos a la elección comenzó su personalísimo proceso. Y, pues, lo que bien se aprende, no se olvida, y todo indica —al menos desde el oficialismo—, que el tramposo método llegó para quedarse.

Llama la atención que la autoridad electoral nacional haya determinado que no hay pruebas o indicios para considerar que existen actos anticipados de campaña cuando, una y otra vez, al anunciar las designaciones, ninguno de estos “coordinadores” se toma ya la molestia de negar las afirmaciones de la prensa de considerarlos y llamarlos directamente como los próximos candidatos a las correspondientes gubernaturas.

Se podrá argumentar que tales discusiones y procesos administrativos y legales deberían encabezarse desde los organismos públicos locales —los llamados Oples— y los respectivos tribunales electorales estatales, pues, propiamente, se trata de procesos de designación de los comités ejecutivos estatales del partido, en procesos de definición de candidaturas para gubernaturas.

Sin embargo, no ha habido el mínimo intento para disfrazar que el proceso de designación de las candidaturas se ha orquestado desde la estructura nacional de Morena y desde la Presidencia misma.

Mención aparte merece Andy López, que desde que se deslindó de la Secretaría de Organización del partido y dejó a los suyos a su suerte en el desastre que resultó la elección en Coahuila de junio pasado, abiertamente anunció que dejaba el cargo para buscar una diputación federal desde su natal Tabasco. Lo que son las cosas, el escarnio público más reciente ha venido desde otros lados y por otros motivos.

Sin autoridad alguna que les haga frente, si acaso lo que deja de manifiesto este proceso es que los enemigos de la 4T son ellos mismos, pues el dichoso proceso de encuestas internas ni siquiera a ellos les deja satisfechos, lo que, igualmente, de manera prematura, abre frentes dentro del propio partido y con el suficiente tiempo como para que, quienes no lograron la “coordinación”, puedan contender por otros partidos.

Por lo que respecta a la oposición, únicamente se han dedicado a ver el tren pasar, sin realmente tomar medidas para contrarrestar las campañas anticipadas o, de plano —aunque igualmente fraudulento—, de menos aprovechar esas autoridades electorales tan “barcas”, para hacer lo propio.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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