En la política hay que saber tener muchas y distintas habilidades para enfrentar a tus rivales e incluso esconder una mentira muy al fondo de cualquiera de tus emociones.
El manejo del rostro y el movimiento del cuerpo es parte de cada negociación, debate y discurso frente a sus iguales, a los medios o a la gente.
Ser político es aceptar que los ojos estarán frente a ti, en cada paso y al más mínimo movimiento, aún más si el poder es mayor o si la actitud que más le caracteriza es de confrontación.

Ruta necesaria
Actualmente en México, vivimos ante un escenario político con actores confrontativos, que con su discurso verbal y no verbal incitan a polarizar cualquier pensamiento o idea que se oponga a lo que ellos defienden.
La soberbia es también parte de una serie de actitudes que sobresalen cuando el poder político les sobrepasa.
Lo que hemos visto esta semana durante la elección interna del partido Morena para elegir a sus coordinadores estatales que contenderán por gubernaturas en el 2027, ha sido un gran ejercicio para observar la mala o buena gestión de derrota de cada uno de los aspirantes que no fueron elegidos.
El caso principal es el de Andrea Chávez, quien al ser todavía diputada federal, a principios del 2023 (hace tres años) comenzó a aparecer en espectaculares en el estado de Chihuahua con una slogan que quiso posicionar como “relevo generacional”.

Después vinieron las caravanas de salud en el 2024, en donde se desplazaban camionetas donde llevaba ciertos servicios de salud a distintos municipios del estado.
Aquí ya era un tema muy controversial, puesto que no eran tiempos electorales, incluso la presidenta le llamó la atención de manera indirecta en la mañanera, debido al uso de unidades médicas móviles y espectaculares sin ningún tipo de lineamientos.
Andrea pidió licencia en abril de este 2026 para competir por la coordinación de la Defensa de la Transformación para Chihuahua. Cambió su acento, quiso cambiar su color de cabello (video difundido donde pedía ser güera) y en cada entrevista alzaba la voz con acento chihuahuense que la gente la amaba y ella estaba lista para recuperar el estado y quitárselo al PAN.
Pero la sorpresa fue que no fue elegida ante los ojos de todo un país, prensa y sus rivales más cercanos. El 28 de septiembre Morena definió que fuera Cruz Pérez Cuéllar y su acento chihuahuense desapareció, el volumen de su voz bajó y parte de sus actitudes negativas, como la soberbia, vino la negación de su derrota con su actitud no verbal.
Somos muchos y muchas las que no podemos ocultar una emoción, en especial negativa en el rostro. Se nos nota por más que queramos sonreír y evadir el tema, pero en Andrea no fue posible.

En las dos fotografías que presento es evidente. En la primera ella vestida de rojo, imponiendo su poder, su seguridad y su actitud confrontativa alzaba el acta en donde quedaba registrada como candidata. Su sonrisa alineada a su cuerpo entero.
En la segunda foto, viste de negro, casi sabiendo con anterioridad que no sería elegida, o bien como parte del protocolo de vestimenta, que pareciera que sí fue emitido en cada una de las convocatorias en los distintos estados, haya cumplido con la seriedad.
En la última no hubo peinado de salón, el maquillaje fue muy tenue, no portó el pin dorado, y sobre todo no hubo sonrisa, ni una actitud que escondiera la derrota, la decepción y quizá, hasta la traición.
A esto le llamamos el trastorno de Hubris en la política, parece que acepta, pero no lo hace del todo. Ninguno de los personajes que quedaron fuera declararon algún tipo de negación, pero sí un rechazo indirecto a su no elección.
Si algo caracteriza a los populistas, es no aceptar el resultado, o tomar una actitud institucional ante la derrota, y no necesitan salir a decir como en una elección presidencial que hubo fraude, porque aquí siguen siendo parte de un movimiento del cual dependen para seguir en su carrera política, entre otras cosas.
Andrea es el ejemplo claro de que la soberbia y arrogancia, no siempre tienen un final triunfante y lo peor es gestionar estas emociones con una derrota que fue evidente ante los ojos de un país entero y una prensa que no acaba con una publicación impresa, sino que se publica una y otra vez en el mundo digital recordando que no fue elegida, que la traicionaron o que nunca creyeron en su palabra al interior del partido.
No es fácil, pero podría serlo si hubiera una madurez política para asimilar el golpe de la derrota.

El ganón veleidoso

