MARCAJE PERSONAL

López Obrador, el jefe máximo que no tuvimos

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Andrés Manuel López Obrador decidió anunciar su libro Pueblo justo cuando se cumplen dos años de que terminó su mandato. Dice que está retirado y que decidió “cortar de tajo” porque “no quiso ser cacique, jefe máximo o poder tras el trono”. Aclarado el punto, y más allá de lo que proyecta, el expresidente mostró que mantiene sus capacidades de monólogo, que sus manías y animadversiones no han cambiado y que es el eje de lo que se llama la 4T.

Reiteró que las redes sociales ya no son benditas y que los medios de comunicación nunca lo fueron. No le gusta el periodismo y menos los periodistas y, en ello ha sido consistente a lo largo de su carrera, aunque supo aprovechar las posibilidades de la cercanía mientras despachaba y vivía en Palacio Nacional.

En su largo mensaje, de más de una hora, omitió todo lo relacionado con el contexto que lo envuelve. Conoce, como pocos, los alcances de la palabra y no tuvo que hacer un llamado en su defensa, porque la da por descontada, por el efecto que tienen sus apariciones en la escena pública.

TE RECOMENDAMOS:
Rozones

Hay cálculo en la fecha, ánimo de que se reconozca que en dos años lo que se ha hecho es reafirmar su agenda. Pero siempre hay otras consideraciones y una de ellas es aprovechar para cambiar la narrativa: que se hable de los negocios de los medios de comunicación que afirma conocer, de lo nocivo de los europeos y de las glorias de la historia de bronce, porque ello evita o diluye que la atención pública se ocupe de temas de mayor cercanía y urgencia.

Condena, como es costumbre, al pasado neoliberal del que también formó parte, porque no es un outsider, como suele aparentar, sino uno de los personajes más estructurados del sistema político mexicano.

Tanto lo es que muchas de las disposiciones electorales que le molestan y estorban fueron exigencias suyas o del que era su partido, el PRD.

Habrá que ocuparse del contenido de Pueblo en su momento, pero en la presentación que hizo López Obrador ya se puede intuir la reiteración de concebir un país dividido: liberales y conservadores, nosotros y ellos, donde no hay zonas grises sino lealtades con trazos consistentes. Amor con amor se paga.

Quizá la única absolución sea la de la clase media, más numerosa que los pobres, según sus propias cuentas, y ya no sospechosas de abdicaciones prematuras.

Inquieta, aunque sea conocido, que no haya un solo puente para quienes piensen distinto. La 4T no admite disidencias, aunque sean discretas y cuidadosas.

Pueblo es la nueva obra de López Obrador y todos saben que lo que ahí se diga es lo de menos, porque el objetivo está en otro lado: la glorificación de quien no anheló ser “jefe máximo” y por eso ahora es escritor en su retiro en Palenque.

Temas:

Google Reviews