Primero la pregunta fue: ¿dónde está Jorge Amílcar Olán?, pero ahora la que comienza a resultar igualmente inquietante es: ¿dónde está Andy López Beltrán? Hace apenas unos días, un equipo periodístico de Azteca Noticias encabezado por el reportero Irving Pineda encontró a Jorge Amílcar Olán en Lugano, Suiza.
El empresario tabasqueño, amigo cercanísimo de los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador y mencionado ya innumerables veces en investigaciones periodísticas sobre contratos públicos, el Tren Maya, Dos Bocas y presuntas operaciones de huachicol fiscal, vivía en una exclusiva zona de aquella ciudad, conocida además por ser un paraíso financiero para grandes fortunas.

Después de hacerse pública la ubicación de Olán, la residencia que ocupaba apareció nuevamente disponible para renta —por 15 mil francos suizos mensuales—.

• Posición en la OEA
Olán habría dejado el inmueble casi de inmediato, pero no existe confirmación de que haya abandonado Suiza.
¿Por qué se fue con semejante celeridad? ¿A qué le teme? Si las autoridades mexicanas no lo buscaban ¿de quién más está huyendo?
“Cuando me le acerqué y le dije que venía de Tv Azteca, su rostro se transformó y hasta pensé que se iba a echar a correr”, me narró Irving Pineda. Una reacción reveladora, que muestra al tabasqueño vulnerable y atemorizado.
Hoy se sabe ya también que la UIF habría detectado una cartera de inversión en UBS Switzerland AG, vinculada a Jorge Amílcar Olán, con un saldo reportado de 72,039, 066.74 euros, equivalentes a unos 1,433 millones de pesos mexicanos.
Y no era tan difícil ubicar el dinero si consideramos que Suiza y México tienen un acuerdo firmado desde 2016, conocido como Common Reporting Standard para aplicar intercambio automático de información financiera, a través del cual Suiza puede reportar cuentas, identidad del titular, saldos, intereses, dividendos y determinados ingresos de inversiones.
Siguiendo la ruta del dinero, falta revelar:
¿Qué tipo de permiso de residencia en Suiza obtuvo Amílcar Olán?
¿Qué patrimonio acreditó para poder establecerse ahí?
¿Cuál es el origen del dinero?
¿Dónde tiene su residencia fiscal?
Y sobre todo ¿quién es el “beneficiario final” de sus cuentas suizas?
Mientras tanto, su entrañable amigo Andy López Beltrán, sólo reporta a través de sus redes sociales videos donde dice estar recorriendo zonas rurales de Tabasco, —en busca de fuero— e imitando el acento de su padre.
Pero las apariciones digitales no confirman una ubicación física. Decir que está en Tabasco no garantiza que así sea. ¿Dónde está en realidad?
El nombre de Andy López Beltrán esta semana cobró nuevamente relevancia luego de que The New York Times reportara que al menos dos agencias estadounidenses han recopilado información sobre sus posibles vínculos con contrabando de combustible y crimen organizado.
Eso no significa que exista una acusación formal en su contra o que tenga alguna responsabilidad penal, pero la negativa sostenida de la Fiscalía General de la República sobre abrir una investigación al respecto, al menos para comprobar que no tiene relación con todo lo que se le atribuye, ha generado un mar de sospechas.
Porque investigar no significa condenar. Establecer hechos, seguir la ruta del dinero, revisar contratos, verificar empresas y reconstruir relaciones, sería por lo menos lo responsable por parte de la autoridad.
¿Acaso no está ahí precisamente para convertir indicios en investigaciones y determinar si detrás de ellos existen delitos o solamente sospechas?
Pero ocurre exactamente lo contrario: se concluye que “no hay nada” sin que conozcamos una investigación formal capaz de despejar todas las dudas.
Y en medio de todas esas suspicacias, como la humedad reapareció el expresidente Andrés Manuel López Obrador desde Palenque, para presentar Pueblo, su nuevo libro; habló de historia, del humanismo mexicano, criticó a Estados Unidos y aseguró que continúa retirado de la política.
¿Será que confió en poder desviar la conversación? Evidentemente esta vez no lo consiguió con la misma intensidad que las anteriores. Porque las preguntas siguen ahí.
En el combate a la corrupción que tanto prometió, se advierte una traición donde los nombres se repiten cada vez con más frecuencia e incomodidad: Andy López Beltrán, Gonzalo López Beltrán, Amílcar Olán, contratos, empresas, obras públicas, combustible y operadores cercanos al poder.
Y lo verdaderamente peligroso para el proyecto de la Cuarta Transformación no es que investiguen a los hijos del hombre que la fundó, sino descubrir que no quieren investigarlos.
López Obrador puede reaparecer cuantas veces quiera, presentar otro libro, pronunciar más discursos y volver a defender su legado, pero ¿dónde está Andy?
¿No es él quien tendría que reaparecer físicamente también, dispuesto a aclarar ante la Fiscalía cuanto sea necesario?… Es una duda razonable.


