Nadie esperaba que el desahucio de una anciana de 87 años iba a acabar con la exigencia de cientos de miles de personas que salieron a las calles en distintos puntos de España para hacer frente a todos los sectores involucrados en el deterioro del sistema de viviendas.
Ya no es solamente un grupo importante de personas que decidieron acampar en las plazas principales de ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla y Bilbao, entre otras, en repudio de la especulación inmobiliaria y los llamados fondos buitre.
Ahora son miles de personas las que reclaman tanto al gobierno como a la oposición soluciones para detener la crisis de la vivienda. Las marchas explotaron tras la votación que tumbó los decretos presentados por el gobierno central para intentar frenar los desahucios y prorrogar los alquileres.

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Desde entonces las manifestaciones han crecido de manera exponencial y están a punto de conseguir una huelga general impulsada por el Sindicato de Inquilinas, que deja muy clara su postura ante lo posibilidad de que se adelanten las elecciones, no van a parar las marchas gobierne quien gobierne si no hay una solución al problema de las vivienda en España.
Este fin de semana los manifestantes mostraron músculo tras llenar las calles del centro de Madrid para concentrarse en la plaza de Cibeles, demostrando que el hartazgo por los altos precios de las viviendas es un reclamo generalizado entre la población.
Pero no solo en la capital hubo movilizaciones multitudinarias, en otras ciudades como Barcelona, Valencia y Bilbao igualmente se realizaron marchas, zonas donde también se carece de oportunidades para tener una vivienda digna en un sector que está dominado por un sistema insostenible que encarece el mercado a su conveniencia.
Este repentino movimiento ciudadano que ha ido creciendo de la mano de la inacción de los políticos para frenar la crisis inmobiliaria, hace recordar al movimiento de los indignados 15 años atrás, que ante la falta de oportunidades laborales, la precariedad y los problemas para adquirir una vivienda, este último el mismo problema que ha desatado las manifestaciones de este fin de semana.
Son dos generaciones diferentes y momentos distintos en el tiempo, pero comparten el mismo hartazgo por la situación inmobiliaria que se sufre en España desde hace muchos años y que ningún gobierno ha podido o sabido enfrentar.
Dentro del actual gobierno de coalición no logran ponerse de acuerdo con las medidas que se deben tomar para solucionar el problema inmobiliario. Algunas fuerzas políticas defienden medidas como la regulación de los alquileres o intervenciones más fuertes sobre el mercado inmobiliario, mientras que otras ponen el énfasis en construir más viviendas y ofrecer incentivos fiscales a los propietarios.
El desencanto con la clase política es otro de los alicientes que alimentan estas manifestaciones por la vivienda y ante las similitudes de estas marchas y las de 15 años atrás, no es inevitable pensar que este podría ser otro semillero para la creación de un nuevo movimiento político que surja desde el descontento social para intentar hacer un cambio de rumbo gubernamental.

¿De quién es el territorio?

