ENTRE COLEGAS

Brasil: giro a la derecha

Horacio Vives Segl. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El pasado domingo se celebraron elecciones generales en Brasil, el país más grande de América Latina (en territorio, población y economía). Unos comicios de la mayor relevancia para la región.

Se disputaron la Presidencia de la República y el Poder Legislativo federal bicameral (513 diputaciones y 54 senadurías), así como 27 gubernaturas y asambleas estatales. Desde luego, la primera vuelta de la elección presidencial es la que despertó mayor interés. Está en juego la permanencia de la izquierda en uno de los más importantes referentes de la región, o la posibilidad de que México y Uruguay queden en solitario ante una incontenible ola de gobiernos de derecha.

Luiz Inácio Lula da Silva se juega su reelección consecutiva y, de forma no inmediata, su cuarto mandato presidencial. El octogenario líder del Partido de los Trabajadores (PT) sigue superando su récord absoluto: desde 1989, Lula ha sido candidato siete veces en elecciones presidenciales (procesado penalmente en 2018, no pudo ser candidato). Su contrincante es el senador Flávio Bolsonaro, postulado por el Partido Liberal (PL), hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy igualmente juzgado penalmente por el intento de golpe, tras desconocer los resultados de la elección presidencial de 2022.

Hay algunas claves que destacar. En primer lugar, que, una vez más, las encuestas fallaron. El conjunto de ellas daba a Lula como ganador, con mayor o menor holgura, aunque no para evitar la segunda vuelta —que de todos modos la habrá, el 25 de este mismo mes—, pero en las urnas Bolsonaro (47%) obtuvo más votos que Lula (45%). Como en 2018 y 2022, las encuestas subestimaron el peso electoral del bolsonarismo. Con brutal contundencia, el 92% del voto en Brasil fue para alguna de las dos opciones de populismo radical (de derecha y de izquierda), reafirmando la tendencia dramática que se observa desde las elecciones de hace ocho años: las opciones centristas y liberales quedaron pulverizadas, prácticamente inexistentes. En consonancia, las elecciones estuvieron marcadas por la polarización. No hubo ni un solo debate presidencial. En Brasil no son obligatorios y Lula decidió no asistir; en repuesta, Flávio también se ausentó.

Los resultados de las elecciones legislativas y de las gubernaturas reflejan la debacle de la izquierda y el avance de la derecha. El PL ganó 10 de 19 gubernaturas resueltas en primera vuelta, mientras que el PT sólo 3. Sin llegar a conseguir la mayoría absoluta, el PL será el principal bloque en la próxima legislatura, con 28 senadores y 121 diputados, mientras que al PT le corresponderán respectivamente 9 y 78. En un país con un Poder Legislativo históricamente indisciplinado, y donde los vínculos entre la Presidencia y los gobernadores son muy complejos, en caso de un lejano y eventual triunfo de Lula en el balotaje, le será muy difícil conseguir las mayorías para la aprobación de leyes y reformas que requiera su gobierno. Bolsonaro, desde luego, la tendría más fácil.

Si Lula —que no tiene heredero político claro de su movimiento— no hace una remontada titánica, verá su larguísimo ciclo político llegar a su fin. Muy difícilmente podrá pergeñar votos entre la pedacería de los candidatos que quedaron fuera en la primera vuelta. Ésos parecen más proclives a irse en su mayor proporción con Bolsonaro. Lo mismo el voto del extranjero. Así que no le queda otra más que intentar convencer a los indecisos que no fueron a votar en la primera vuelta. Lo cierto es que todo puede pasar y la pelota está en el aire, aunque los vientos parecieran soplar hacia el lado derecho de la cancha.

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