En materia de precios, ¿qué conviene? Si compro, conviene que sean los más bajos posibles. ¿Cuáles son? Los que alcanzan para que el oferente recupere su costo de producción y continúe produciendo y ofreciendo en beneficio de los consumidores. Si vendo, conviene que sean los mayores posibles. ¿Cuáles son? Los que el consumidor está dispuesto a pagar en función de lo que necesita y de su poder adquisitivo, para que siga comprando en beneficio del oferente.
Entre estos extremos, el mínimo al que le conviene vender al oferente para no incurrir en pérdidas y el máximo que el consumidor está dispuesto a pagar en función de su necesidad y poder adquisitivo, se fija el precio, que es el resultado del acuerdo entre las partes: el precio al que el oferente está dispuesto a vender y al que el consumidor está dispuesto a comprar. El precio es resultado de ese acuerdo y conviene que sea el más bajo posible.
Si el problema económico de fondo es la escasez (no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis), entonces una de las condiciones que debe cumplirse para minimizarla (en el entendido de que nunca la eliminaremos, de que nunca viviremos en un mundo en el cual todo alcance para todos, en las cantidades que cada uno quisiera, y sobre todo gratis), es que los precios sean los menores posibles, precios que son razones de cambio: tanto de X por tanto de Y.

La Selva Maya, bajo amenaza criminal
Los precios no son lo que cuestan los bienes y servicios (una cosa es, por ejemplo, el costo de producción y otra el precio al que se lleva a cabo el intercambio), tampoco son lo que valen los satisfactores (una cosa es lo que vale un bien o servicio, valor que depende de la valoración subjetiva del consumidor y otra el precio al que tiene lugar el intercambio).
Para que los precios sean los menores posibles se necesita que la competencia entre los oferentes sea la mayor posible, para lo cual se requiere que todo empresario, nacional o extranjero, que quiera ofrecer, producto nacional o importado, lo pueda hacer (libertad para producir, ofrecer y vender, para emprender), que los oferentes no incurran en prácticas monopólicas, mucho menos absolutas (que no se pongan de acuerdo para no competir vía precio), y que los demandantes, comparando precio, calidad y servicio, sustituyan oferentes, sujetándolos a la competencia.
Dado que el problema económico de fondo es la escasez, conviene que los precios sean los menores posibles, sobre todo porque la actividad económica terminal es el consumo (el uso del satisfactor para, valga la redundancia, satisfacer la necesidad), consumo que va precedido de la compra del satisfactor (que puede ser un bien o un servicio), consumidor a quien le conviene que el precio sea el menor posible. Ceteris paribus, a menor precio mayor compra de bienes y servicios, mayor consumo, mayor bienestar, bienestar que es el fin de la economía, precio que, obviamente, debe ser suficiente para que el oferente recupere, por lo menos, su costo de producción.
En esta ocasión voy a analizar, para lo que va del año, el comportamiento de cuatro precios: del dólar, el tipo de cambio peso – dólar; del crédito, la tasa de interés; de las acciones, el índice de precios y cotizaciones de la bolsa de valores; del petróleo, de la mezcla mexicana de petróleo de exportación.
Continuará.

IMSS-Bienestar no paga…

