Mientras vemos un auto volar y escuchamos planes desaforados por llegar a Marte, las calles arden con el fuego de una juventud que ve el futuro desvanecerse. A lo largo y ancho del globo los jóvenes llevan meses protestando mientras la clase política y los oligarcas en el poder siguen mirando al cielo mientras se enciende el suelo.
Las protestas de la llamada Generación Z son una radiografía de nuestro mundo. Retratan a una juventud que mira asustada al vacío mientras los mayores se aferran al control y priorizan banderas que ignoran el aumento de la precariedad en los que apenas comienzan a luchar por su independencia económica.
El envejecimiento de la población es un factor importante aquí. La mayoría de los electores, mayores ya, buscan estabilidad y consumo, no impulsar la vivienda o la educación. El negocio de la IA es percibido como algo positivo y divertido para aquellos con el futuro asegurado, mientras que los estudiantes ven un panorama negro ante el creciente desempleo entre los jóvenes y la reducción drástica de las ofertas de trabajo. La guerra como herramienta de estabilidad y negocio de ricos también es un punto de quiebre entre las generaciones: entre los que se benefician de la batalla y los que mueren en ella.
La generación del mañana inexistente quiere apoyo a la salud, mejor educación y la posibilidad de costear una vivienda. Exige que el gasto público regrese a estos rubros y abandone la oleada bélica que recorre el mundo. Está cansada de una clase política mimetizada con las grandes corporaciones que no la representa y la descarta sin miramientos. Pero se niega a hipotecar su futuro sin luchar.
Francia, Italia, España, Bélgica, Marruecos, México… fuego en las calles que radicaliza las voluntades. Los partidos extremistas tanto de derecha como de izquierda están acogiendo a la generación del descontento listos para tomar el poder y buscar un cambio brusco. Unos culpan a los migrantes, otros a la clase dominante. Intereses que ven en la juventud desesperada carne de cañón para desestabilizar el tablero político.
El enojo suele acallar a la prudencia. Es una apuesta peligrosa, pero cuando no se tiene agua, energía, servicios de salud, casa, educación y empleo, lo único que te queda es la ira y tus manos dispuestas para morir peleando.
Los líderes mundiales sentados en las sillas presidenciales o escondidos tras las grandes corporaciones han de calcular bien su próximo movimiento. Harán bien en mirar por la ventana de sus rascacielos y por encima de las bardas de sus campos de golf. La mecha está prendida y toda una generación está en pie de lucha. El golpe en la mesa es tan claro como una pancarta italiana que decía “Si nos quitan el futuro, bloquearemos su presente.”