PUNTO CIEGO

El INE y Taddei en Bahía de Cochinos

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

En abril de 1961, después del desastre de Bahía de Cochinos, John F. Kennedy popularizó una frase que con los años aún sigue explicando demasiadas cosas en política: “La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”.

Mientras una operación funciona todos quieren presumir que ayudaron, que aconsejaron y que formaron parte de la decisión; cuando las cosas salen mal, empiezan los deslindes, las distancias y hasta las pérdidas de memoria. Guadalupe Taddei parece haber llegado a ese punto. Durante mucho tiempo tuvo padrinos y mucho respaldo; ahora que dejó la presidencia del INE en medio de señalamientos e investigaciones, resulta que nadie parece demasiado interesado en recordar quién la impulsó, ni quién ayudó a concentrar más poder en sus manos.

Taddei no llegó sola al INE y tampoco manejó sola al instituto. Su llegada fue celebrada desde el obradorismo, su perfil fue defendido en medio de cuestionamientos por vínculos familiares con Morena y después recibió facultades adicionales desde el Congreso, donde la mayoría oficialista impulsó cambios que fortalecieron a la presidencia del organismo y redujeron algunos contrapesos internos. Sergio Gutiérrez Luna fue uno de quienes promovieron esa ampliación de facultades; Alfonso Durazo formó parte de una generación política cercana a su entorno y desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador hubo respaldo suficiente para que Taddei consolidara su posición. Todo eso ocurrió cuando las cosas funcionaban convenientemente. El problema llega después, cuando salen a la luz señalamientos relacionados con contratos y, en general, conflictos de interés que provocaron desgaste en su permanencia. Taddei terminó renunciando y la Presidenta Claudia Sheinbaum incluso habló públicamente de una posible “sombra de corrupción” que debía aclararse.

Lo curioso es que ahora la historia es bastante distinta. Nadie quiere cargar con la responsabilidad política de haber fortalecido a una presidenta del INE que terminó saliendo con cuestionamientos, y quienes antes presumían cercanía hoy prefieren explicar que ellos solamente cumplieron con procesos institucionales, que cada quien es responsable de sus actos y que las investigaciones deberán llegar hasta donde tengan que llegar. Todo eso puede ser jurídicamente correcto, pero políticamente no borra una realidad bastante sencilla: durante mucho tiempo hubo quienes acompañaron, respaldaron y fortalecieron a Guadalupe Taddei cuando resultaba útil hacerlo. Si ahora las investigaciones confirman irregularidades, las responsabilidades penales serán personales, pero la responsabilidad política de haber construido demasiado poder alrededor de una sola figura también será tema a discusión.

Guadalupe Taddei se fue, pero el problema que dejó no desaparece con su renuncia. Quedó un INE golpeado en credibilidad, y una pregunta que seguramente incomoda a más de uno: cómo fue posible que una figura que recibió respaldo político, facultades extraordinarias y margen suficiente para concentrar decisiones, terminara bajo sospecha sin que nadie quiera reconocer ahora quién ayudó a construir ese poder. Quizá por eso Kennedy tenía razón.

Reenviado

“La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana. Guadalupe Taddei llegó con una familia de numerosos padres y terminó sola y huérfana…”

Temas: