DESDE EL CONGRESO

Gran lección

Ricardo Monreal *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Ricardo Monreal *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil nos deja una enseñanza que debe verse con atención desde México y toda América Latina: no existe una fuerza capaz de anular la voluntad de un pueblo cuando éste decide salir, organizarse y participar. Además de que consiguió revertir el resultado de la primera vuelta, Lula logró también ampliar considerablemente su respaldo electoral. Detrás del resultado hubo más que una campaña, ya que estuvieron miles de personas que se movilizaron, hablaron con sus vecinas y vecinos y salieron a defender el rumbo que querían para su país. La participación ciudadana hizo la diferencia.

La contienda también puso sobre la mesa la influencia de las plataformas digitales y los riesgos que representan la desinformación y las injerencias extranjeras para la vida democrática de la región. Ante esto, el pueblo brasileño demostró que las elecciones siguen siendo un espacio decisivo para resolver, pacíficamente, las diferencias sobre el futuro de una nación.

Esta victoria también rompió con la idea de que el avance de la ultraderecha es inevitable. Si bien el conservadurismo ha avanzado en distintos países, no significa que los pueblos estén condenados a aceptar sus propuestas. Brasil demuestra que hay margen para organizarse, corregir errores, construir nuevas mayorías y defender una visión de gobierno que coloque en el centro a las personas, sus derechos y su bienestar.

El mensaje es especialmente importante para quienes estamos convencidos de que la política debe servir para reducir las desigualdades, fortalecer los derechos sociales y garantizar que el crecimiento económico se traduzca en bienestar. En este escenario, lo ocurrido en Brasil adquiere una mayor relevancia. Su coincidencia con el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum abre una oportunidad para fortalecer la cooperación entre dos de las principales economías latinoamericanas y defender, desde sus propias realidades, la soberanía, la justicia social y la integración regional.

Claro que ganar una elección no resuelve todos los problemas. El cuarto mandato de Lula se dará en un entorno complejo, con una oposición importante en el Congreso y una sociedad polarizada. Lo que sigue es que el respaldo recibido se traduzca en políticas públicas que mejoren la vida de la población y preserven las instituciones democráticas. Para México también es patente que los cambios duraderos necesitan participación popular, organización y gobiernos que respondan efectivamente. La democracia se construye todos los días, con cercanía, diálogo y resultados; no se agota al depositar un voto.

Brasil nos recuerda que los pueblos conservan la última palabra cuando pueden decidir libremente su destino, y que frente a quienes apuestan por el miedo, la exclusión y la concentración de privilegios, la esperanza sigue encontrando fuerza en el pueblo organizado, y ésa es una gran lección.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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